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sábado, 13 de septiembre de 2014

El poder desde la filosofía

¿El poder es o se ejerce? ¿Hay un poder absoluto o fluye en todas nuestras relaciones? ¿Condiciona el poder nuestras vidas o las potencia? ¿Qué es el poder? La historia del poder representa la historia de una realización. Lo humano se fue desbordando de sus propios límites, siempre buscando cada vez más, reinventándose, para seguir encontrando un sentido a las cosas. El poder tiene que ver con esa capacidad de invención, con la conciencia de nuestros propios límites y con sus transgresiones.
La mayoría de los relatos mitológicos enfrentan a los humanos con los dioses en una lucha por el poder. Toda la esencia del poder radica en comprender el lugar que ocupamos en el cosmos. Si hay o no hay límites y siempre lo humano pierde. ¿Tiene que ver el poder con lo posible o con lo imposible?
Cuando Aristóteles se pregunta por el Ser, nos dice que las entidades se dan en acto o en potencia. El acto nos remite a la realización de la esencia en cualquier entidad, o sea, ¿cómo en la actualidad logró realizarse?
Por ejemplo: la ventana es en acto ventana o actualmente es ventana ¿por qué? Porque aunque sea lo que tiene que ser: una ventana no lo fue siempre ni lo será eternamente.

¿Qué es la potencia? Tiene que ver con la idea de poder como posibilidad, es decir, la capacidad de cualquier entidad de poder ser otra cosa.
¿Qué es el poder? ¿Cuál es su límite?
En los textos bíblicos las historias se entrecruzan. Por un lado, Dios crea a lo humano y le da un mundo cerrado para que lo domine y lo nomine. Las cosas vienen predeterminadas por la creación. En el Edén, el árbol del conocimiento del bien y del mal es importante. El árbol prohibido marca el punto de lo imposible, si comen del árbol serán mortales y si no comen permanecerán inmortales. ¿Para qué come el hombre si pierde la inmortalidad? No es la inmortalidad lo que está en juego, sino el poder. La historia de poder se desplaza hacia las relaciones vinculares. Caín mata a Abel. Esta dificultosa relación entre lo humano y sus dioses, señala el camino de toda relación de lo humano con lo humano. Lo humano nunca es idéntico es siempre con un otro. El poder se juega una falencia que supone una otredad y busca someter a esa otredad y subyugarla a su propia identidad. Para que el poder se ejerza se necesita de zonas no alcanzadas, se necesita de un otro que siga siendo un otro para poder ser sometido y que el poder actúe. El poder se apropia de lo otro para someterlo a su identidad, pero al mismo tiempo necesita que siga habiendo algo extraño para poder seguir apropiándolo.

En Atenas, el poder se entrelaza con el saber.En Atenas la figura de los sofistas se vuelve preponderante. Para Platón los sofistas se trataban de mercaderes del saber que educaban a los poderosos en la formalidad de la palabra, en la oratoria y en el arte del convencimiento, provocando en los atenienses una ciudadanía vacía, falsa y amoral, preocupada solo en el éxito de sus argumentos. Para los sofistas como Protágoras: No hay verdades, sino que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Los sofistas entienden a la verdad como un artilugio retórico. Si la verdad es la mentira más eficiente solo se trata de una cuestión de poder. Un discurso verdadero es aquél que se logra imponer como un discurso sobre la normalidad.
En platón supone la figura del filósofo rey. Si la justicia en cada comunidad se dirime en que cada uno ejerza el rol que le corresponde al filósofo le cabe el rol del gobernante, porque según Platón: “tiene que gobernar el que más sabe”. El que accede a la verdad. Sólo el filósofo puede atravesar la multiplicidad de lo real y alcanzar los fundamentos de todas las cosas. La convicción de platón reside en la autoridad del poder -al que más sabe por naturaleza le corresponde el poder-. La sabiduría es virtud, el mal es ignorancia.

Saber, poder y ética, forman la base del pensamiento platónico de una autoridad incuestionable que solo va a ser modificada en la filosofía política moderna.
Hobbes ve el origen del poder político en un contrato. Somos libres por naturaleza, pero renunciamos a la libertad absoluta a cambio de que alguien nos proteja. La desproporción entre nuestras necesidades y los medios para satisfacerlas genera una “guerra de todos contra todos”. Una persona quiere ser libre pero el de al lado también, por lo tanto, quiere matarme, pero si la persona se entrega a un poder absoluto (Estado) le garantiza su seguridad. El miedo es, entonces. uno de los motores principales para fundar un orden. La libertad solo es posible si primero se fortifica la seguridad. El poder absoluto nos garantiza la libertad sólo a cambio de nuestra sujeción a sus normas. Pero, entonces, ¿existe la libertad? ¿qué es el poder? ¿qué es lo que puede el hombre? ¿podremos confiar en este poder? o ¿estamos en el inicio de un nuevo tipo de poder que en el capitalismo persigue la normalización del sistema?
La cuestión del poder siempre estuvo ligada al ser humano que quiso transgredir sus propias limitaciones y por eso desde el inicio en las culturas antiguas el poder estuvo ligado siempre al saber. Sin embargo, con la modernidad la idea de un poder soberano intenta representar la voluntad de todos los ciudadanos. ¿Nó termina el poder siendo un dispositivo de sometimiento? ¿Nó termina el poder siendo la forma en que todo se relaciona con todo?
En el siglo XIX, Carlos Marx, va a dar un paso cualitativo en la cuestión del poder, la democracia política no representa una verdadera democracia popular en la medida que no cuestiona el principio de desigualdad estructural del capitalismo. La economía capitalista supone una desigualdad social que intenta justificarse en la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley. Pero la ley no hace más que reproducir un sistema donde unos pocos ejercen el poder y una mayoría queda sometida a ese dominio. Para que el poder funcione con eficiencia resulta necesario que la sociedad lo naturalice, mientras haya personas trabajando a cambio de un salario, recibiendo sólo una parte del valor de su trabajo, la democracia no es real. Si se logra convence a todo el mundo que la desigualdad económica es algo que proviene de la naturaleza humana y es inmodificable, el que tiene poder triunfa en su cometido. “No hay mejor poder que el que no se ve”. El poder para Marx es fundamentalmente poder económico que se manifiesta en el sometimiento de una clase social a otra a través de la explotación laboral. ¿Qué es la explotación para Marx? Es la aceptación de una sociedad dividida en clases sociales, donde los que no son dueños tienen que intercambiar su fuerza de trabajo por una remuneración que nunca equivale al valor de lo que hacen. Pero nadie lo ve, todos naturalizan esta expropiación. La desigualdad es vista como algo natural y el salario como algo justo, ningún salario es justo para Marx, la existencia misma del salario es lo injusto. Pero el poder triunfa cuando una sociedad interioriza estos valores dominantes como si fuese algo real, cuando la sociedad se aliena. Según el pensamiento Marxista, la alienación se produce a través de todos los dispositivos que en una sociedad funcionan para que un orden se establezca, pero sobre todo en el Estado. Para Marx el Estado se vuelve un dispositivo de poder que se presenta como representantes de todos, cuando lo único que hace es legitimar la desigualdad representando solo a aquello a los que cuida sus intereses. La alienación va mostrando como el poder ingresa en las zonas más elementales de la conciencia para ser efectivo. Va moldeando las cabezas de las gentes, sus deseos, sus pensamientos, sus sentimientos. Por eso todo cambio debe de hacerse desde la raíz para Marx. La única salida posible contra el poder es la revolución.
¿Y si todo es poder? ¿Y si nuestra existencia está atravesada por el poder? ¿Y si el poder trasciende lo político para manifestarse en cualquier acto, en cualquier entidad? ¿Y si todo es político, porque todo es potencia? ¿Y si el poder no se reduce a los soberano, sino que estalla por todos lados?
Por el hecho mismo de ser en potencia, todos nuestros actos se vuelven políticos, se vuelven voluntad de poder.
Nietzsche sostiene que la vida es esencialmente un conjunto de fuerzas en constante potenciación, no es que el poder opera sobre la vida, sino que la vida misma es poder en expansión. Poder en la ambigüedad del doble sentido, de posibilidad y despliegue. Nietzsche pone en entredicho la cuestión del origen. ¿Qué hay en el origen del todo? No hay Nada. No hay orden, ni estabilidad, ni identidad, sino diferencia. Y si hay diferencia hay conflicto. El conflicto es el origen, el poder inunda todas las cosas, porque todo proviene en última instancia de un conflicto originario. A diferencia del contractualismo que entiende al poder como garantía de supervivencia y del Marxismo que lo asocia con la represión. Nietzsche lo entiende como exceso, como expansión incesante de la vida. Una vida que se expande es una vida que se reinventa permanentemente a sí misma. En el esquema de Nietzsche se parte de la ausencia de origen y por ello el descentramiento de toda verdad. La expansión solo puede entenderse como la capacidad que tiene la vida de crecer negándose constantemente a sí misma. La voluntad de poder es la destrucción infinita de lo mismo y el desborde incesante de una vida que busca siempre superarse a sí misma. Si para Marx la revolución es la liberación de las fuerzas productivas al servicio de la humanidad. En Nietzsche es un estado permanente de reinvención de lo humano. El poder de lo humano destruye y se destruye ya que se vé a sí mismo como mera contingencia.
Toda la filosofía, toda la religión, todo el saber han surgido como un antídoto contra una voluntad de poder que se desborda a sí misma. Esta es tal vez nuestra tragedia. El vértigo del exceso nos asusta y nos encadena a nosotros mismos.
Para Foucault, en nuestros tiempos piensa a ambos conceptos poder y saber, el poder se plasma en el discurso. La palabra crea verdad y la verdad crea un orden. Por eso quién maneja el saber maneja el poder.
Michel Foucault, fue uno de los filósofos que mejor ha pensado al poder. Su mayor contribución es haber desesencializado el poder. El poder no es, no se tiene, sino que se ejerce. El poder no es una propiedad, ni una sustancia. El poder es siempre una relación. Las relaciones de poder atraviesan todas las cosas, pero no se estructuran de manera vertical y estable entre clases sociales, sino que van desplazándose entre los hombres de manera fluctuante. El poder siempre está presente en toda relación en que uno trata de dirigir la conducta del otro, desde la política hasta el amor. Pero el poder no solo reprime, sino que para Foucault produce sentido. El poder mantiene una relación esencial con el poder y por ello con la verdad. Y nosotros los sujetos, estamos sujetados a los dispositivos del saber que nos constituyen como sujetos. El padre normaliza, el maestro normaliza, el jefe normaliza, los oficiales de policía normalizan. En cada acto de normalización hay una forma que se instala como correcta y se instituye. El hombre domesticado a través de las instituciones. Las instituciones como la familia, la escuela o el lenguaje son las que producen realidad cotidiana. Una de las figuras que Foucault resignifica es la figura del Panóptico, que es una estructura carcelaria en la cual un vigilador se encuentra en un lugar privilegiado, ya que puede ver el interior de las celdas de los presos sin ser visto. El dispositivo carcelario funciona a la perfección. Cada preso que no ve a los otros presos solo se siente controlado por el vigilador central y, por lo tanto, obedece. El poder es total. Para foucault esta estructura es aplicable a gran parte de los modos en que se encuentra organizada las instituciones. Así la estructura se repite en la fábrica, la familia, la escuela, el hospital y siempre es la misma la auto-obediencia.
No pueden existir relaciones de poder sino en la medida en que los sujetos seamos libres. Pero ¿no será al revés, no es que si el poder está presente entonces no existe libertad?. Hay relaciones de poder porque hay posibilidades de libertad en todas partes. Como el poder es potencia y el poder se desborda siempre se necesita algo que quede afuera. Todo poder genera una resistencia, dice Foucault. ¿Pero es la resistencia una manera de pelear contra el poder? ¿O es algo que el poder construye para seguir ejerciendo?
Deleuze dice que en el mundo de la globalización y el capitalismo avanzado, la empresa ha reemplazado a la fábrica, la marca al producto y el consumidor al ciudadano. La sociedad de hiperconsumo de la cultura global no ejerce el poder desde el encierro, sino desde la libertad. El panóptico se ha desmaterializado. Este poder es tan potente que no necesita de barrotes, ni pedestales, ni armas; es un poder que se ejerce desde la libertad del individuo. El cielo parece vacío, pero se encuentra cruzado de redes virtuales que nos constituyen y nos vigilan. Hoy existir es estar conectado y la conexión supone un orden y un interés. Tal vez las nuevas resistencias tengan que ver con la posibilidad de desconectarse. Posibilidad, potencialidad, de nuevo el poder. El poder de no hacer. Permanecer en la potencia. Lo humano es siempre posibilidad. Lo humano es siempre proyecto abierto.
Se dice de Dios que es omnipotente. ¿Esto significa que todo lo es, o que lo puede todo? ¿Y si todo lo puede, no tendría que seguir pudiendo indefinidamente? Si así fuese, el verdadero poder resultaría ser el que se sigue atreviendo a negarse a sí mismo. O retomando una idea bíblica, el poder está en la debilidad. Sin embargo, nuestros poderosos abandonan la potencia, la posibilidad para convertirse en los grandes cristalizadores de la realidad vigente.
Ser establisment, significa solo eso. Sostener el actual estado de cosas como inmodificable.

Pero otro poder es posible, un poder que se ofrece como una invitación a la transformación permanente y a la apertura ilimitada. Un poder que es una apuesta a no permanecer nunca en lo que somos, a desbordarnos y a salirnos incluso de nosotros mismo.





viernes, 5 de septiembre de 2014

EL ESTADO MODERNO. CONCEPTO. SURGIMIENTO.

Encontrar una definición precisa y definitiva, que abarque todo aquello que significa Estado, es una tarea dificultosa, y es una preocupación de filósofos y politólogos.
Las relaciones político-sociales que moldean al Estado son múltiples, diversas y muy cambiantes a lo largo del tiempo; esta complejidad dificulta la posibilidad de establecer una definición breve del concepto. Por otro lado, cualquier definición que se alcance no podrá ser única, aunque siempre hay una forma de interpretar la realidad de acuerdo con los intereses de la persona que está realizando el análisis y construyendo la definición.
Una de las maneras de definir el Estado es como institución de dominación.
Puede definirse al Estado como una institución de dominación política en una sociedad que está territorialmente delimitada. El Estado es una institución porque perdura a lo largo del tiempo: los medios que utiliza para ejercer la autoridad y la administración (las leyes, el sistema de justicia, la administración pública, las Fuerzas Armadas, la división de poderes, etc.), aunque puede adquirir formas diversas o nuevas, tiende a ser continuos en sus características y funciones principales.
La dominación puede ser entendida como la capacidad que tienen algunos sujetos o grupos para imponer regularmente su voluntad sobre los otros. El Estado implica una instancia de dominación porque lleva adelante funciones de control y orden, es decir, personas o grupos de personas logran imponer su voluntad sobre otras personas o grupos. No existe un orden dentro de una sociedad con el que todas las personas estén de acuerdo ni que favorezca a todos por igual. Por el contrario: la manera en que se organizan y ordenan las sociedades es resultado de las voluntades que unos imponen sobre otros e implica siempre alguna forma de dominación.

La dominación política del Estado es diferente a otros tipos de dominación como la dominación económica, basada en el control sobre los recursos económicos. El carácter político de la dominación del Estado proviene del hecho de poseer el control de los medios de coacción física dentro de un territorio delimitado. Para ejercer sus funciones de orden y de mando sobre la sociedad, para defender el territorio y hacer cumplir las leyes, El Estado puede recurrir al uso de la fuerza física como último recurso que respalda su autoridad (lo hace a través de las fuerzas de seguridad, como la Policía, las Fuerzas Armadas, la Gendarmería, etc.). Sólo el Estado puede hacer uso de la fuerza legalmente, por eso se puede decir que el Estado posee el monopolio de la coacción física, dentro del Territorio Nacional. Fuera de los límites territoriales el Estado no tiene la posibilidad de aplicar la fuerza para exigir que se cumplan sus leyes porque allí operan otros Estados. Por ejemplo, el Estado argentino puede hacer valer su ley dentro de su territorio nacional, inclusive utilizando la fuerza física para imponerla sobre quienes no quieran cumplirla, pero no puede hacer lo mismo en territorio uruguayo, chileno o paraguayo porque en esos espacios tienen atribuciones los otros Estados recién nombrados.
Las categorías de control dominación u orden indican relaciones entre sujetos individuales o colectivos. En cualquier forma de dominación existen personas y grupos que actúan y establecen relaciones con otros. El estado da formato a esas relaciones sociales pero, al mismo tiempo, es producto de ellas. El Estado no es un sujeto real, con voluntad y vida propia, sino un conjunto de relaciones entre sujetos que se desenvuelven en una determinada sociedad y a partir de sus desenvolvimientos conforman el Estado. Así como el Estado controla y ordena las acciones de las personas, también las acciones de las personas le dan vida y forma al Estado.
Cuando se habla de Estado se habla de una relación social. Y dado que toda relación social es histórica, el Estado también tiene una exigencia histórica: surge, se desarrolla y cambia a través del tiempo.
Durante la Edad Media no existía el Estado con las características y funciones que en la actualidad se le reconocen. El Estado Moderno tal cual lo conocemos hoy es el Estado Capitalista, que se inicia con el surgimiento del capitalismo. En el Medioevo las organizaciones políticas como -la Iglesia, los señores feudales, los militares o los nobles o propietarios de tierra- no lograban concentrar en sus manos la coacción física como lo hace el Estado moderno actual, sino que cada institución medieval detentaba una pequeña porción de poder en territorios que no siempre estaban determinados con precisión. La transición del feudalismo al capitalismo produjo el surgimiento del Estado moderno a partir de un proceso de concentración de los medios de coacción física que pasaron a estar depositados en una sola institución -el Estado-.

EL ESTADO CAPITALISTA.

A fines del siglo XVIII, en Europa se produce la Revolución Industrial que terminó de definir el proceso de transformación que en algunos países había terminado con el feudalismo para pasar al capitalismo.
La transición del feudalismo al capitalismo no ocurrió de un día para otro, sino que se dio a través de un paulatino proceso de cambios destinados a privilegiar la producción industrial y el comercio internacional. La aparición y el desarrollo del Estado moderno fue parte del mismo proceso de transición. Desde entonces, la existencia del Estado no puede separarse de la existencia del capitalismo: como dos caras de una misma moneda.
La industrialización estructuró las sociedades en torno a la propiedad privada de los medios de producción: por un lado los capitalistas o burgueses, propietarios de las fábricas, máquinas, insumos y capital financiero necesarios para la producción; por otro lado, los trabajadores o proletarios, que solo disponen de su fuerza de trabajo para ofrecer a los capitalistas a cambio de un salario. Esta diferencia en las posesiones genera una relación de dominación económica y social.
La industrialización provocó una nueva organización de la sociedad asentada en dos clases sociales que generó nuevos conflictos, propios de a división social. El capitalismo permite que los propietarios de los medios de producción exploten a la clase desposeída al apropiarse de la mayor proporción de los beneficios que produce el trabajo humano. Las dos clases, trabajadores y capitalistas, colaboran en el proceso productivo y en la generación de riqueza, pero los beneficios que producen en conjunto distribuyen de manera desigual, que produce conflictividad desde sus orígenes caracterizado por el capitalismo generando tensión en esa relación de explotación por parte del capitalista hacia el trabajador. En este esquema, el Estado tiene la función de ejercer una dominación política capaz de preservar el capitalismo y mantener entre las clases sociales dentro de límites de conflicto tolerables.

LEGITIMACIÓN DEL ESTADO CAPITALISTA.

Como en toda relación de poder, la dominación estatal no es solo la aplicación de la coacción física, sino que para lograr estabilidad y conseguir que sus medidas no sean rechazadas, el Estado también requiere legitimidad, o sea, el consenso o aprobación social sobre el orden y el control que se ejerce. Si el Estado soló utilizara la fuerza, sus medidas no se sostendrían en el tiempo porque la mayoría de la sociedad cuestionaría y se opondría a ese abuso por parte del Estado.
La función principal que tiene el Estado capitalista es garantizar la existencia de la propiedad privada, que permite la división de clases sociales opresoras y oprimidas y se mantiene como sistema de organización social.
El Estado debe de recurrir a mecanismos de legitimación: actúa en el ámbito ideológico transmitiendo valores relacionados con el bien común, la convivencia social o la identidad nacional, etc, y lo hace a través de la educación o los medios de comunicación. También interviene en el ámbito material por medio de políticas públicas que buscan la satisfacción de las necesidades materiales y proveen un mínimo de equidad en las condiciones de vida. Para ello, realiza obras públicas, fija salarios mínimos, subsidia servicios públicos, asiste a los más necesitados, brinda seguridad, etc.

NACIÓN.

El concepto de Nación hace referencia a una comunidad de personas que tienen un mismo idioma o lengua, una misma cultura, un historia en común y expectativas de futuro que son compartidas. También existe un sentimiento de pertenencia a un territorio que se simboliza con una bandera que homogeneiza a todas aquellas personas que conviven bajo la misma autoridad del Estado. La Nación ofrece una identidad colectiva que está por encima de las individualidades y las diferencias sociales. La identidad nacional es un factor de cohesión: crea un imaginario, lealtades, emotividades que tienden a establecer una identidad común. Y el Estado va a ser el interprete de los intereses nacionales y actúa llevándolos adelante a través de sus políticas. En nombre de la “nación” se han justificado muchas guerras o se han desconocidos derechos a otros pueblos.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

CAMINANDO LA PAMPA: Berdier, Buenos Aires, Argentina

CAMINANDO LA PAMPA: Berdier, Buenos Aires, Argentina: Los pueblos Pampas, Querandíes y Araucanos eran quienes habitaban la tierra en la zona que hoy nos ocupa. El Presidente Bernardino Rivadavi...

Gnoseología. El conocimiento.


Cuando la filosofía se pregunta por el sentido de las cosas, pone en juego ¿qué es lo real?. Pero al mismo tiempo se pregunta ¿cómo lo conocemos?. La pregunta por lo real opaca a la pregunta por el conocimiento. Cuando nos preguntamos por lo real damos por supuesto un cierto tipo de conocimiento que no evidenciamos. Cuando vemos algo no nos preguntamos sobre ¿cómo es que lo vemos? No estamos adquiriendo conocimiento sobre la mirada o la naturaleza de los ojos, sólo nos concentramos en lo que vemos.
Todo conocimiento de lo real se inicia con una confianza fundamental, damos por evidente un cierto tipo de conocimiento.
La pregunta por el conocimiento es desde el inicio problemática porque pone en cuestionamiento la herramienta misma con la que emprendemos la pregunta.
Los ojos de una persona pueden ver en principio cualquier cosa, pero lo que no puede ver esa persona es verse a sí misma mirándose.

¿Es posible conocer el modo en que los seres humanos conocemos?
  • La gnoseología es La ciencia que estudia y analiza el conocimiento.
  • La ontología es el estudio del Ser en cuanto Ser. LO QUE ES

La gnoseología es el modo en cómo accedemos al Ser. En vez de poner el acento en lo real, ponemos el acento en cómo el hombre se relaciona con lo real para conocerlo. LO QUE CONOCEMOS.

¿No se convertiría lo real sólo en el modo en que lo conocemos?

Un primer problema de la gnoseología es poder delimitar cuándo algo de lo que creemos merece llamarse conocimiento.
¿Existen conocimientos válidos e inválidos? ¿Qué se juega en la necesidad de establecer ciertos saberes como válidos? ¿Es sólo el deseo de querer alcanzar la verdad?
La gnoseología busca establecer las condiciones que hacen de un conjunto de afirmaciones, un conocimiento válido. No le importa qué es lo que se conoce, sino cómo lo justificamos. Si estamos sentados en una silla: ¿cómo sabemos que donde estamos sentados es una silla?

Todo conocimiento debe de seguir un método cuya clave es la puesta a prueba de cualquier afirmación. Todo debe de ser puesto a prueba. ¿Cuándo una prueba es legítima? ¿la prueba no tiene también que ser puesta a prueba? La puesta a prueba debe de satisfacer ciertos rasgos fundamentales como la objetividad, la neutralidad o la demostración, que hoy solo lo realiza el conocimiento científico.

La ciencia.


Se ha constituido en un saber hegemónico y ha relegado al ámbito de lo personal, de lo mágico, de lo irracional al resto de los saberes. Esto significa que el arte o la religión, no son estrictamente conocimientos válidos?
¿Qué es el conocimiento? ¿Todo conocimiento es válido? ¿Hay formas de conocer mas válidas que otras?

Las cuatro formas del conocer son:
  1. la razón,
  2. los sentidos.
  3. La fe o religión y
  4. la intuición.

¿Hay alguna forma de conocimiento que abarque a estas cuatro categorías de conocimiento?
La respuesta es NO. 
Estas cuatro formas de conocer tuvieron dentro de nuestra cultura recorridos diferentes.
El saber científico sólo aceptó como conocimiento válido a aquel que se justifique en la razón y los sentidos. Dejando la ciencia de lado a la fe y a la intuición.
Podemos intuir que algo va a pasar o podemos tener fe en una creencia religiosa. La fe y la intuición no es conocimiento.

¿Qué es el conocimiento?.

Toda relación de conocimiento se presenta clásicamente como una relación entre un sujeto y un objeto.

Sujeto: es el que conoce. El sujeto es el hombre
Objeto: lo que es conocido. El objeto es todo aquello que se encuentra fuera de él, incluyendo al hombre mismo. El hombre es al mismo tiempo sujeto y objeto.

¿Cómo conoce el sujeto al objeto? ¿Es un conocimiento individual o colectivo? ¿Quién hace al conocimiento? individuos, libros, especialistas. ¿Es el acto de conocimiento activo o pasivo? ¿Reflejamos nuestro objeto de conocimiento o lo construimos? ¿Puede el sujeto alcanzar al objeto?
 ¿Es posible el conocimiento? Todo indicaría que sí.

El dogmatismo.


Es una postura que entiende al conocimiento como algo posible, obvio y evidente. Pero debe de afirmarse en certezas que nunca cuestiona: el dogma.
El dogmatismo da por cierto la posibilidad del conocimiento. No lo ve como una relación, sino que entiende que el objeto se presenta a un sujeto que solo lo recibe y lo representa. El dogmatismo está en la confianza ciega puesta en el acto de conocer. Un dogma se presenta en la medida en que se ausenta el pensamiento crítico, en la medida en que no hay problematización de lo que se conoce. El objeto viene con rasgos predeterminados y el sujeto es el representador de aquello que se presenta. Pensar que todo lo que se da se da por algo y algo debe de estar bien, es la esencia misma del dogmatismo. Lo dogmático consiste en respetar la plataforma de verdades que muestra el objeto, sin cuestionar nada, porque en definitiva alguien nos presenta esa plataforma.

¿Es posible partir de ningún dogma? ¿No estamos pensando siempre en dar por supuestas algunas verdades para comenzar a pensar en cualquier cosa?

El escepticismo.


Niega toda posibilidad del conocimiento. Si el dogmatismo prioriza primero el objeto y minimiza al sujeto, el escepticismo hace lo contrario, el conocimiento se concentra tanto en el sujeto que pierde por completo al objeto. Para el escepticismo cuando conocemos no podemos desvincularnos de nuestras circunstancias: la cultura, la época, la familia, los valores, los miedos. Todo acceso a lo real está mediado por alguna categoría subjetiva.
Para el escepticismo no es posible el conocimiento. Todo es cuestionable. Nada cierra de modo absoluto. No hay manera de demostrar que lo que conocemos sea algo definitivo, porque el sujeto lo está siempre distorsionando. Es imposible hablar de un objeto en sí mismo. No hay conocimiento del objeto, sino conocimiento de los modos en que el sujeto conoce al objeto.
Si no es posible afirmar un conocimiento absoluto ¿vale algún tipo de saber, o nada tiene sentido?
Lo interesante del escepticismo es que desconfía de todo los objetos que se presentan, ejerciendo una aptitud crítica y de sospecha frente a los valores dominantes. En este sentido hay algo de escéptico en todo saber.
¿Dogmatismo o escepticismo?

La discusión sobre la posibilidad del conocer nos induce al problema del origen y validez del conocimiento.

¿Dónde se origina en el ser humano el conocimiento? ¿Por dónde ingresa el ser humano al conocimiento?


El origen del conocimiento está en:
  1. El racionalismo: La razón.
  2. El empirismo: Los sentidos.
El racionalismo: Sostiene que el único conocimiento válido es el racional, en la medida que garantiza dos formas claves que todo conocimiento tiene que tener para ser válido:
  1. Necesidad lógica. Significa que es independiente de la experiencia. Por ejemplo: que el todo sea mayor que sus partes, no se valida en ninguna comprobación concreta, sino que vale a priori. No surge de los hechos, sino que los hechos se ordenan según esta lógica.
  2. Validez universal. Vale para todos los casos posibles, sin excepción.
Necesidad lógica y validez universal son dos principios que se encuentran en: LAS MATEMÁTICAS. La ciencia modelo por excelencia para el racionalismo.
El racionalismo no niega el conocimiento empírico, pero lo coloca en el lugar del error. Los sentidos engañan, generan una relación primaria con la realidad, pero que necesitan de la razón para ser encauzados y puestos en su justo lugar.
Para el racionalismo hay ideas innatas, nuestra mente no solo viene vacía, sino que viene provista de información verdadera. Dependiendo de la época y de los autores; el estatus de estas ideas innatas van modificándose:
  • Para Platón son metafísicas.
  • Para San Agustín son divinas.
  • Para Descartes, Leibniz y Spinozza, se justifican con las ciencias emergentes.
Si el racionalismo puede garantizar verdades innatas y a priori, necesarias y universales, lo hace al costo de abandonar la presencia de la realidad material, que haría pensar que actuaría solo la metafísica, es decir, algo desvinculado completamente del cuerpo.
Pero ¿se puede negar la existencia de los sentidos? ¿Se puede seguir sosteniendo una metafísica, después de los cambios científicos que comienzan a darse en la modernidad?

Ver, conocer, pensar.

¿Cuál es el origen del conocimiento? ¿Quién garantiza un conocimiento válido? ¿La razón o los sentidos?

Frente al racionalismo que prioriza la razón se encuentra el empirismo que prioriza los sentidos.
La crítica a la razón que se inicia con el empirismo va a conducir en cuestionamiento al mismo sujeto que conoce.

¿Se puede seguir pensando al conocimiento solo como una relación neutral entre un sujeto y un objeto?

El empirismo: Sostiene que el principio fundamental de todo conocimiento proviene y se valida en la experiencia.
Nuestra mente es como un papel en blanco que vamos rellenando con información, a medida que vamos generando conocimiento sensible. Todo lo que sabemos proviene de experiencias científicas concretas; por ejemplo: saber si el fuego quema o no quema, puede consistir en la advertencia de alguien, en la lectura de un libro o en el desarrollo de una teoría química sobre el origen de las quemaduras. Sin embargo el conocimiento más enfático, más contundente e indiscutible va a estar ligado a la experiencia de una vivencia singular, es decir, el día en que nos quememos con fuego.

David Hume.

Para el empirismo de David Hume es la vivacidad de la percepción lo que define la verdad del conocimiento y no hay más percepción vivaz que la que experimentamos por medio de los sentidos.
Hume divide a las percepciones en dos categorías:
  1. impresiones: es todo conocimiento empírico
  2. ideas: es la copia de esa impresión que realizamos en la mente.
El empirismo sostiene que todas las ideas provienen de las impresiones sensibles. No hay saberes innatos o saberes trascendentes. Por ejemplo: si pienso en un cuadro es porque primero observé un cuadro. Si tengo la idea de una cama es porque primero la vi. ¿Pero que pasa con la idea de un unicornio? Hume explica que allí la mente opera uniendo dos ideas separadas que provienen de dos impresiones: un caballo y un cuerno. Nada hay en el unicornio que no provenga de la experiencia.
Si la única manera de elaborar una ciencia se encuentra en la promulgación de leyes universales con el fin de predecir y explicar el sentido de las cosas que hay en el mundo, ¿no nos condena el empirismo a la tiranía del aquí y ahora?. La generalización se convierte en la base de nuestro conocimiento. Pero es un tipo de conocimiento en donde no hay garantías de validez.

Immanuel Kant.

Se suele usar el concepto de revolución copernicana para ejemplificar el momento en que una propuesta produce un giro tal que rompe el plano mismo en donde estaba sentada.
Kant genera una ruptura de la que ya se venía produciendo porque definitivamente coloca el problema del conocimiento en otro lado.
Kant plantea que el acto de conocimiento, además de ser una relación entre sujeto y objeto, es una relación activa, esto es que el sujeto no recibe y refleja al objeto cuando lo conoce, sino que lo produce.
En la realidad, hay algo no sabemos qué, algo muy difuso e incomprensible, datos sin forma y sin orden que el sujeto tiene que elaborar. No hay una realidad en sí, sino que es el sujeto el que constituye al objeto. El sujeto encara la realidad como si tuviera moldes en la mente y en el cuerpo como si el hombre naciera con anteojos azules pegados a los ojos que nos condiciona a ver las cosas mucho más azuladas de lo que realmente son.
No hay para Kant al igual que para Hume causalidad o sustancias en las cosas, se trata de categorías con las que el sujeto ordena lo real.
Kant pretende colocarse más allá del empirismo y del racionalismo y esta diferencia la encontramos en la distinción que hace entre pensar y conocer. Puedo pensar cualquier cosa, pero el verdadero acto de conocimiento se producen cuando se aplican sobre una realidad empírica concreta. Así a DIOS, al ALMA o al MUNDO los puedo pensar pero nunca conocer. Pensar es mas abarcativo que conocer, pero el conocimiento es más riguroso.
Hay una renuncia de Kant al conocimiento de lo absoluto y hay en ese mismo acto una decisión de apostar a las ciencias como único conocimiento confiable. La razón establece los marcos y los sentidos comprueban. La ciencia moderna parece seguir ese camino y se va a ir constituyendo así en el paradigma del conocimiento mismo.

¿Pero qué sucede cuando un único tipo de saber se vuelve hegemónico? ¿Qué ganamos y qué perdemos con la ciencia como único modelo válido de conocimiento?

Hablamos del siglo XX, como de un notable avance de la tecnociencia y la impugnación de otros saberes posibles.

¿Qué es la tecnociencia?


Es que la ciencia y la tecnología se vuelven los únicos saberes legítimos para la construcción del sentido válido de lo real. La ciencia y la tecnología de la cultura occidental definen hoy las verdades de época; pero también es cierta la presencia de otros tipos de saberes que se van construyendo desde las fisuras de la tecnociencia.
La falta de democratización del conocimiento, sus efectos perniciosos en la naturaleza, su uso y abuso en la destrucción de lo humano y de todo lo viviente van dejando agujeros por donde los saberes excluidos se cuelan.
Hay otras tradiciones del saber que por fuera del modelo científico proveen sentido e incluso eficiencia al desarrollo de la vida en el mundo.
Los saberes tradicionales de todo el mundo:

  • las religiones,
  • el arte,
  • la astrología,
  • los saberes orientales;

son ejemplos de contraconocimientos que de modo parcial brindan también conocimiento por una existencia oprimida por la tecnociencia.

Martin Heidegger.


En este filósofo encontramos un planteo de disolución en la relación entre el sujeto y el objeto que en el pensamiento posmoderno se conoce con el nombre de la muerte del sujeto. El Ser se abre a lo humano de diversas maneras: el conocimiento es una de las tantas formas pero no es la única, ni la más verdadera.
Tanto el sujeto como el objeto son una construcción. No hay un hombre que conoce al Ser sino que el ser se manifiesta como una relación entre sujeto y objeto.
Cuando se piensa al conocimiento como una relación entre un sujeto y un objeto, pensamos una determinada manera de darse el conocimiento, no ha sido la única ni lo seguirá siendo.
Está claro que el conocimiento es una elaboración de lo humano, pero la idea misma de hombre con todas sus características esenciales y como sujeto que conoce también es una elaboración; se produce una tensión que en principio desplaza al hombre del centro; descentra al conocimiento y habilita la afluencia de saberes diversos.

Thomas Kuhn


En el pensamiento científico también se produce una revolución conceptual a partir de la obra de Thomas Kuhn, que resignifica la idea de paradigma y renueva la forma en que la ciencia se venía pensando así misma. Para Kuhn no hay un progreso hacia la verdad, sino que los cambios en la historia de la ciencia han tenido que ver con cuestiones extracientíficas.
La comunidad de especialistas y sus instituciones proclaman un paradigma científico e intenta denodadamente sostenerlo ya que en él se juegan sus propios intereses. Por ello no hay un afuera del paradigma, sino que el estar afuera supone estar excluido de la misma categoría del conocimiento.
La verdad es también una construcción del paradigma. Kuhn nos explica cómo nuestras lecturas de lo real están siempre previamente articuladas por una teoría. No hay accesos directo a la empiria, sino que hay una carga teórica de la observación, o en otras palabras, uno encuentra lo que ya sabe que está buscando.
Las ideas de Kuhn nos conducen a comprender el carácter político del conocimiento que se nos presenta como una herramienta que busca desinteresadamente la verdad, pero... ¿quién decide sobre el conocimiento?... decide..., siempre la cuestión del saber se nos presenta como una cuestión de poder.
Hoy vivimos el ocaso de una alianza histórica de la ciencia y nuestra cultura, amparada por nuestras instituciones y naturalizada en las prácticas cotidianas. Romper con los monopolios del saber, parece ser la única forma de resistencia.
Conocer es básicamente una apuesta por lo nuevo, una convicción de apertura. No se trata de criticar a las ciencias para defender otros dogmas, sino salir de todo dogmatismo y seguir apostando por un saber abierto que siga reinventando lo humano, especialmente en tiempos donde parece haber llegado a su fin la idea de hombre tal como la conocemos; o como dice Foucault: “borrándose como en los límites del mar, un rostro de arena”.