Páginas vistas en total

Follow by Email

traductor

domingo, 29 de junio de 2014

Derecho Natural. Contractualismo. Hobbes, Locke Y Rousseau.


Los filósofos del derecho natural o iusnaturalistas son un grupo de pensadores del los siglos XVII y XVIII, que sostenían que hay una serie de derechos naturales propios de los seres humanos que todos poseemos. Creían en la razón como elemento que conformaba el universo, la naturaleza y la cultura otorgándoles armonía. Estos filósofos también fueron denominados contractualistas porque utilizaron la metáfora del “Contrato Social” para explicar y legitimar el surgimiento del Estado Moderno, esto es, la formación del Estado como resultado de un acuerdo de voluntades.

El primero de ellos fue Thomas Hobbes, después de hacer un minucioso estudio de la fisiología, las capacidades, los sentidos, la imaginación y la razón del hombre, llegó a la conclusión de que el ser humano es una realidad única e indivisible compuesto exclusivamente en partículas de materia. Y que su conciencia o alma se debe a los movimientos de partículas minúsculas en el cerebro. No hay por lo tanto, para Hobbes, división entre cuerpo y alma. Todo es materia que busca el placer y huye del dolor.

Por otra parte, para Hobbes, todos los hombres son, considerados en su conjunto, iguales por naturaleza. Señala que si bien , a primera vista, un hombre es más fuerte de cuerpo y otro más sagaz de entendimiento que los otros, el más débil tiene suficiente fuerza para matar al más fuerte por medio de artimañas o uniéndose al otro; de igual manera, la inteligencia puede adquirirse a través de experiencias.
Todos los hombres tienen en común, además, el hecho de valorar sus propios talentos y menospreciar los de los semejantes.
Esa igualdad de los seres humanos en cuanto a su capacidad, trae como consecuencia la igualdad de esperanza respecto del logro de los objetivos. Esto, sumado al egoísmo, la envidia y la ambición, también naturales del hombre, provoca que, si dos hombres desean la misma cosa y o pueden disfrutarla ambos, se transforman en enemigos.
El hecho de que los bienes de la tierra sean limitados, pone potencialmente a cada ser humano en una situación de deseo respecto de los bienes del otro. Como consecuencia para Hobbes, se llega a una situación de guerra potencial y real, una guerra de todos contra todos. El temor a la muerte y deseo de las cosas necesarias para una vida confortable hace que los hombres pacten entre sí para conformar las sociedades y los Estados. Es decir, que lo único que une a los hombres en sociedad es el instinto de conservación.
Al contrario del pensamiento de Hobbes, los otros contractualistas clásicos John Locke y Jean Jacques Rousseau,no creían que el ser humano fuera naturalmente egoísta ni que solo le importara su autoconservación.
En su primera parte de su Discurso sobre el origen de la desigualdad, Rousseau afirma que el hombre era originaria y naturalmente un animal puro y solitario que respondía a su instinto, sin más ocupación que satisfacer sus necesidades físicas. No era bueno ni malo y no tenía vicios y virtudes.
En la segunda parte, describe un estado intermedio entre la brutalidad de los tiempos primitivos y la civilización actual, que es el más feliz de todos, ya que los hombres gozaban libremente entre sí de las alegrías de la relación mutua. Pero con la división del trabajo y la propiedad privada, la igualdad natural entre los hombres desapareció y el hombre se volvió malo a causa de los explotadores del pueblo y al robo de los ricos.

De estas premisas parte Rousseau para elaborar su obra: El Contrato Social, es decir, el pacto entre los hombres que permita la instauración de un Estado o un pacto social que asegure la asociación de todas las personas para conformar una sociedad civil, y al mismo tiempo, que el ser humano conserve su libertad.
Para Hobbes, la libertad impulsaba al ser humano a desear abarcarlo todo y a violar la libertad de los demás. En cambio, para Locke y Rousseau, la libertad es la voluntad de decidir y actuar entre todos, dejando de lado los impulsos físicos y los deseos, en beneficio de la voluntad general. La libertad civil es entonces posible, si solo es libertad moral, libertad para todos que no viole los derechos de nadie, sino que por el contrario los defiende.

Para Rousseau, además, la piedad es un sentimiento natural del hombre que lo diferencia del resto de los seres vivos. A la vez que modela su egoísmo, contribuye a la conservación mutua de toda la especie. La piedad es la que moviliza al ser humano a ayudar a quien está sufriendo.  

sábado, 28 de junio de 2014

El hombre Alienado. Carlos Marx.

Para Karl Marx, el hombre el sujeto real de carne y hueso, es un ser perfectible, un ser que siempre tratará de perfeccionarse y progresar. La imaginación y la creatividad del hombre son potencialmente infinitas. Sin embargo, en el momento en el que Marx escribe, se consolida el sistema capitalista y el desarrollo industrial. Los obreros que trabajan en las fábricas durante largas jornadas, pasan la mayoría de su tiempo encerrados y privados del sol, el aire y el cariño de sus familiares y amigos.
Lo que distingue al hombre de los animales es el trabajo, dice Marx, el hecho y la capacidad para usar la razón  y la imaginación para tomar un objeto de la naturaleza y convertirlo en algo nuevo, es decir, crear algo. Pero, durante el capitalismo, el hombre como obrero no produce algo nuevo, sino que produce en serie. No produce todo el objeto, solo una parte. Eso lo obliga a repetir durante horas y horas de la mayor parte de su vida, el mismo movimiento rutinario. En ese sentido, el hombre se confunde con la máquina, y por eso, una de las escenas que más significativamente  ejemplifica esta situación es una película tiempos modernos en la que Charles Chaplin está acostado sobre la cadena de montaje o sobre un reloj. El ser humano se transforma en un autómata, un robot doméstico útil y dócil.


El ser humano, en el capitalismo está alineado, dice Marx, es decir, “separado de”, “privado de”, privado y separado de sus facultades humanas, de la imaginación y la creación, de su voluntad y de sus deseos.
El artesano medieval podía verse reflejado en su obra, satisfecho de lo que había fabricado, el obrero no, es un desdichado en su trabajo. Crea un mundo de mercancías que no le pertenece a él, sino al capitalista, y que son el símbolo de las personas que lo explotan. Crea mercancías que después no podrá disfrutar ya que el salario solo alcanza para satisfacer sus necesidades vitales. El trabajo era, como en las cárceles, trabajo forzado. Por eso, en cuanto puede, el obrero huye del trabajo como huye de las enfermedades.

Dice marx: “En consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que se niega; no se siente cómodo sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que martiriza su cuerpo y arruina su espíritu… El obrero solo tiene la sensación de estar consigo mismo cuando está fuera de su trabajo, y cuando trabaja no se siente en su casa”. Es decir que se siente un animal cuando hace lo que es propio del humano: trabajar; en cambio se siente un ser humano cuando en su casa realiza actividades propias del animal: alimentarse, procrear y dormir.

Marx soñaba un mundo donde los seres humanos pudieran ser felices en lo que hicieran, donde cada uno pudiese ir y volver feliz a su trabajo y sentirse realizado.



viernes, 27 de junio de 2014

La disolución del sujeto. Posmodernidad. M. Foucault.

Michel foulcault, fue uno de los filósofos más influyentes  del siglo XX, consideraba al sujeto moderno como una construcción social. A partir de lo que llamaba saber o criterios de verdad propios de cada época histórica y de los aparatos de encierro paradigmáticos de la modernidad (escuelas, cárceles y fábricas), la sociedad burguesa construye sujetos uniformes y obedientes.
El saber está relacionado con los enunciados que se consideran verdaderos en cada época histórica. Así, por ejemplo, cuando Galileo Galilei enuncio su teoría de que la tierra giraba alrededor del sol, tuvo que desdecirse de su afirmación para no ser quemado en la hoguera de la inquisición, como Giordano Bruno. Su verdad no coincidía con el saber o la verdad religiosa. El saber siempre está relacionado con el poder o con aquellos sectores beneficiados por las relaciones de poder.
Desde el siglo XVII, a partir del modelo de la cárcel, comienzan a consolidarse la escuela, el hospital, la prisión y la fábrica donde transcurre la mayor parte de la vida de las personas durante la modernidad. Las sociedades se vuelven, según Foucault, vigiladoras y disciplinarias. Desde la escuela, la primera institución de secuestro, se vigila al niño para sujetar sus fuerzas y su imaginación, para que no se diferencie de los demás. Se controlan sus movimientos para que sea útil, dócil y productivo al sistema capitalista. Se lo prepara para que obedezca al ritmo de las campanadas, como luego tendrá que obedecer al ritmo de las sirenas. Se modela su cuerpo y se cincela el corazón. En el tiempo histórico del capitalismo, se trata de vigilar qué hace el sujeto con su tiempo, porque hay que prepararlo para que produzca. Es decir, que para Foucault, la escuela constituye la preparación para el mundo del trabajo industrial. Y las anormalidades serán subsanadas por el hospital, el psiquiátrico, el geriátrico, la cárcel.
Foucault, propone una estética como forma de resistir a las sociedades normalizadoras. Como vimos el sujeto moderno es el resultado de ciertos mecanismos de encierro y de ciertas técnicas de autogestión como la estética, la dietética o la cosmética que el sujeto aplica sobre sí mismo, y que Foucault llama “tecnologías del yo”. Las instituciones de secuestro indujeron a la conformación de ciertos dominios del saber como la criminología, la psiquiatría, la sociología, la demografía y la economía política; estos a su vez concibieron nuevos objetos de conocimiento como el loco, el delincuente, el obrero, el alumno, etc., entre los cuales surgió el sujeto moderno(individuo) como modelo. Es decir, que el ser humano del mundo moderno y contemporáneo surgió de estas prácticas del encierro de los cuerpos y del modelamiento de las mentes necesario para el desarrollo del capitalismo.
Estas prácticas de encierro generaron las instituciones mencionadas (la cárcel, la escuela, la fábrica, el manicomio) que basaron su funcionamiento en la vigilancia y el control. Dichas instituciones utilizaron un modelo arquitectónico denominado panóptico (relativo al ojo), es decir, de un ojo que todo lo ve para poder vigilar sin ser visto y controlar cuerpos y almas y disciplinarlas. En uno de los libros más fascinantes que leí, vigilar y castigar, Foucault  lo describe asi: “Conocido es su principio: en la periferia, una construcción en forma de anillo; en el centro, una torre, ésta, con anchas ventanas que se abren en la cara interior del anillo. La construcción periférica está dividida en celdas, cada una de las cuales atraviesa toda la anchura de la construcción. Tienen dos ventanas, una que da al interior, correspondiente a las ventanas de la torre, y la otra, que da al exterior, permite que la luz atraviese la celda de una parte a la otra. Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, enfermo, condenado, obrero o escolar. Por el efecto de contraluz, se pueden percibir desde la torre, recortándose perfectamente sobre la luz, las pequeñas siluetas cautivas en las celdas de la periferia. Tanto pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. El dispositivo panóptico dispone de unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto. En suma, se modifica el principio del calabozo, o más bien de sus tres funciones: encerrar, privar de luz y ocultar, no se conserva más que la primera y se suprimen las otras dos. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protege. La visibilidad es una trampa”. la cárcel constituye el modelo de una sociedad panóptica o disciplinaria que reproduce en las demás instituciones esa lógica de funcionamiento.
Para Foucault, la existencia del hombre moderno no depende de una supuesta naturaleza humana intrínseca y atemporal, sino de las relaciones de poder y de saber de una época determinada. De esta manera, arremete contra la idea de sujeto que había elaborado tanto la filosofía antigua como la moderna desde Descartes a Kant y contra la idea de verdad única y atemporal, haciéndola depender también de los juegos del poder-saber. En el prefacio del libro: las palabras y las cosas, dice que el sujeto moderno no es más que una configuración trazada por la nueva disposición que ha tomado recientemente el saber. Y que reconforta y tranquiliza pensar que este sujeto no es sólo una invención reciente, una figura que no tiene ni dos siglos, y que desaparecerá en cuanto éste encuentre una nueva forma.
El sujeto es también el resultado de ciertas técnicas o tecnologías de control de sí mismo como la dietética, la cosmética o la estética. Estas hacen que el sujeto se controle o administre a sí mismo; es decir, son formas de autogobierno o gobernabilidad. Foucault lo llama a esta forma de control sobre sí “biopoder” o poder sobre la vida.
Para concluir: como dice Nietzsche hay que hacer de cada día una obra de arte. Cada día debe de ser diferente de los demás, pleno de belleza para no ser rutinarios ni parecidos los unos a los otros.


(Cualquier coincidencia del sistema panóptico, descripto por Foucault, con las cámaras de seguridad en las ciudades argentinas, es pura coincidencia).


viernes, 13 de junio de 2014

Problemas filosóficos contemporáneos.


La vida humana es extraordinariamente misteriosa en el universo conocido y nuestra vida sería impensable sin el planeta tierra y hoy el mundo en el que vivimos no es, desde muchos aspectos, el que nos gustaría tener.
Somos seres humanos, hijos de la Pachamama que nos cobija y dependemos de ella para poder existir. Y el interrogante que nos deberíamos hacer es: ¿qué estamos haciendo con nuestro planeta tierra? ¿es un mundo seguro el que vivimos?


Habitamos este planeta desde hace mucho tiempo, pero desde hace un par de siglos la relación del hombre con la tierra se ha modificado, produciendo consecuencias que ponen en peligro nuestra supervivencia.
La modernidad se ha caracterizado como aquél momento de la historia de los hombres en la que el mundo padeció un cambio radical, un cambio profundo en la manera en el hombre se relaciona con la naturaleza.
Max Weber dice que “los dioses huyeron de la tierra, para refugiarse en el cielo. Los dioses abandonaron este mundo y con él a los hombres”.
La pieza fundamental que dio origen a un proceso que aún no ha finalizado es: el del progreso científico. El mundo fue convirtiéndose en objeto de estudio de las ciencias.
Pero este conocimiento científico, resultó un quiebre con el mundo natural, porque la esencia de la ciencia consiste en desautorizar la percepción y poner como base exclusivamente los modelos de conocimientos construidos por ella. La ciencia moderna nos ha perdido el mundo y con él al hombre, convirtiéndolo en su objeto de estudio, fatalmente, en objeto.


El costo no era alto si redundaba en beneficios para la humanidad. El proyecto de la modernidad era poner el conocimiento de las ciencias al servicio de la resolución de los problemas de la humanidad. La razón humana era optimista en cuanto a sus capacidades para dar a los hombres una mejor vida. Pero los hombres comenzaron a investigar, observar la naturaleza y a manipularla y transformarla. Se obtuvieron notables e innegables mejoras: se descubrieron nuevas vacunas y remedios para curar muchas enfermedades, se revolucionó el transporte y las posibilidades de comunicación y, sobre todo la forma de producir objetos y mercancías.
Pero la pregunta es: ¿esto es lo que resultó de la aplicación del conocimiento científico y de la racionalidad moderna?
No, lamentablemente no. Hoy estamos hablando de los efectos no deseados de la Modernidad. Hay un contrasentido: la misma ciencia que pretendía salvar al hombre lo ha puesto al borde de su autoaniquilación.
La contaminación del agua y el aire, las guerras, las armas nucleares, las manipulaciones genéticas tanto en humanos, animales y plantas. Las desigualdades sociales se profundizaron gracias a las ciencias y la tecnología que se pusieron al servicio de los poderosos grupos económicos.
El entorno del hombre se vuelve cada vez más hostil: su entorno natural se destruye diariamente por la explotación indiscriminada de los recursos naturales, la entorno artificial, la urbe o ciudad, diseñada más para el consumo que para ser habitada, y los otros hombres, en los que se suele ver más como un enemigo que un igual.
Es decir, que los ideales de la humanidad no se cumplieron, sino que acentuaron las diferencias, en perjuicio de toda la humanidad, atentando contra todas las culturas que fueron consideradas inapropiadas por la racionalidad occidental.


El postmodernismo es la desilusión que produjo la modernidad. Vivimos la época de más descreimiento de los valores modernos porque experimenta el vacío de grandes proyectos a escala mundial y a futuro. Hoy, no se considera central la idea de progreso científico. El lugar del hombre productor fue reemplazado por el del hombre consumidor.
Un rasgo característico de la postmodernidad es la existencia de la soledad. El aislamiento resulta del desprestigio de la familia como núcleo de la convivencia, de la violencia cotidiana que genera el encierro y el exacerbado individualismo, que degenera en egoísmo de la modernidad.
El modelo del hombre postmoderno, es de aquél que rinde culto a su cuerpo, que practica cierto hedonismo, cuyos hábitos giran en torno al consumo que satisface sus necesidades (de consumo), preocupado por el presente inmediato y por su particularidad.


Un mundo globalizado.

A partir de 1989, con la caída del Muro de Berlín, la globalización refiere a un fenómeno reciente que determina la forma de relacionarnos y de percibir la realidad.
Múltiples fueron los factores que hicieron posible tal fenómeno: el desarrollo de los medios de transporte, la revolución informática y comunicacional, la caída de los sistemas económicos opuestos al capitalismo, la necesidad de los países desarrollados de bajar los costos de su producción. Esto trajo como consecuencia la mundialización de la economía. Un modelo económico, el capitalismo, se ha impuesto como el único camino a seguir. Así la economía mundial se volvió interdependiente.
La globalización unifica a todos los países bajo el mismo paradigma económico, pero también divide. La igualdad de condiciones del mercado mundial es una ficción. Los países mas fuertes imponen su proteccionismo y monopolio, en detrimento de las economías regionales que debe de pagar  muy caro el precio de formar parte de este nuevo orden mundial.
La globalización implica la destrucción cultural y homogeneiza las costumbres, el consumo, los alimentos, pero para bien permite la coexistencia pacífica de grupos étnicos y religiosos, produciendo encuentros y diálogos que permitan romper con la incomprensión y los prejuicios.
La globalización iguala y genera desigualdades.

Nos es difícil escuchar la música que queremos, la ropa que queremos vestir, la comida que queremos degustar, casi siempre la elección de lo que consumimos depende de quienes la producen. Las identidades culturales, la diversidad suele salir perdiendo en este acercamiento.
La globalización tiene un elemento central, los medios de comunicación. Las distancias se han acortado drásticamente en todo sentido. Parece descabellado estar en contra de una comunicación más fluida entre los habitantes del planeta, pero ¿en qué consiste esta comunicación? Los medios de comunicación suelen manipular la información, estableciendo valores y creencias, pautas de justicia, y de equilibrio en el sistema.
Esta homogeneidad borra ciertas perspectivas. Termina con algunas particularidades propias de las pequeñas comunidades. El problema no es que todos podamos vestirnos o comer lo mismo, el problema es que todos tengamos las posibilidades reales de acceder a ello.

La pobreza como flagelo mundial.

La pobreza actual está relacionada con el fenómeno de la globalización mundial, es innegable que la misma existe desde siempre, pero sus características han cambiado considerablemente.
Las políticas neoliberales producen un incremento en la brecha entre ricos y pobres ya que generan falta de trabajo, exclusión social, malas condiciones de vida.
La globalización induce a las empresas a moverse de un país a otro dejando en la calle a millones de empleados (personas con bajo nivel de capacitación, como a aquellas personas que tienen títulos de posgrado) se vean reemplazados por una nueva tecnología o simplemente su trabajo se realiza en otro país de mano de obra más barata.
La exclusión política y cultural generadas por la opresión y la dificultad de acceso a la educación, a la salud y a las decisiones políticas entre otros son los factores fundamentales para entender el problema de la pobreza hoy en día.
Ser pobre no es sólo no poder comer o vestirse. La pobreza se relaciona íntimamente con la exclusión y la marginación, con la diferencia de posibilidades reales de acceso al bienestar.


Inseguridad social.

Joseph Stiglitz, demuestra el vínculo entre mundialización e inseguridad social. Sostiene que esta inseguridad social está vinculada directamente a las políticas neoliberales: liberalización financiera, privatización y reformas de los mercados laborales en el sentido de la flexibilización. Critica el “fundamentalismo de mercado” de los economistas y de los responsables políticos.
La globalización está fundada sobre la idea de mercado total, introduciendo de esta manera la inseguridad social por medio de tres mecanismos:


La consecuencia es una economía edificada sobre la base de la inseguridad humana, generada por el debilitamiento de la capacidad de los gobiernos para contrarrestarla.
Los partidos políticos y las organizaciones sindicales no están en condiciones de promover este cambio, porque corren el riesgo de ser funcionales a los intereses de la economía preponderante. Sólo los movimientos sociales son susceptibles de asumir una posición radical en la lucha contra la inseguridad social.


El flagelo de la corrupción.

La corrupción es uno de los mayores obstáculos en el cumplimiento de la obligación estatal de promover y proteger a los derechos de los hombres.
Es una falta moral grave, que supone falta de honestidad, egoísmo que genera injusticias.
La corrupción consiste en un acuerdo inmoral entre un corruptor y un corrupto, o entre corruptos aliados en perjuicio de otros, que beneficia a algunos en sus propósitos particulares, por encima de la ley en el plano político. La corrupción consiste en el uso del poder público para el logro de beneficios particulares o sectoriales, que no se identifican ni comulgan con el bien común.
La corrupción política es el mal uso público (gubernamental) del poder para conseguir una ventaja ilegitima, generalmente secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Por esta razón se puede hablar del nivel de corrupción o transparencia de un estado.
Sistemas políticos corruptos niegan el derecho fundamental a la participación democrática. La corrupción en el sistema judicial no sólo niega el derecho a la igualdad ante la ley, sino a las mismas garantías judiciales declaradas por los instrumentos internacionales de derechos humanos.
La corrupción en las funciones públicas pone en riesgo al derecho a la vida, por ejemplo, cuando se le niega asistencia médica a los enfermos o se permite la construcción de edificios o productos defectuosos y peligrosos.


La corrupción generalizada a niveles mayores roba a un país sus riquezas y lleva a graves violaciones de los derechos económicos, destruye economías y condena a la población al desempleo, al hambre y el desamparo.
Los políticos y los empleados públicos corruptos no son sólo culpables de crímenes comunes sino también, a veces, culpables de violaciones a los derechos humanos.

La guerra y su carrera armamentista.

La ciencia nos ha revelado su cara contradictoria: el dominio de la energía nuclear conduce ya no sólo al progreso humano, sino también a su aniquilamiento.
Una ciencia ciega dio lugar a estos hechos de barbarie. Auschwitz es la expresión de una racionalidad llevada al límite. Allí nada quedo librado al azar, la razón como instrumento del aniquilamiento.
Las bombas arrojadas en 1945 en Hiroshima y en Nagasaki evidenciaron los progresos científicos, y la amenaza que estos implican, puesto en manos inescrupulosas e irresponsables.
Hoy existen en el mundo arsenales capaces de destruir la vida en la tierra (y a la tierra misma). Si una ínfima parte de ellas fueran denotadas en el hemisferio norte, las cenizas estarían cayendo durante años en el mundo entero, generando la esterilidad de los campos y la contaminación del agua, el aire y los suelos.
Raymond Aaron llegó a sostener que tales intenciones de armarse no era una garantía de que las armas jamás serían usadas. Basaba  su afirmación en el conocimiento que las partes armadas tenían de las consecuencias nefastas que para ambos bandos tendría una guerra de tal magnitud.
Durante la etapa de la guerra fría el eje predominante fue el estratégico-militar, ya que la problemática del orden de acuerdo con la ideología de cada uno de los dos grandes actores polares (EE.UU. y URSS), lo que implicaba la alternativa de la destrucción del otro.

La historia se encargará de juzgarlo.
El valor de la vida.

La pregunta sobre: ¿dónde empieza y dónde termina la vida?
La respuesta es comienza con el nacimiento de una persona y termina con su muerte. Sin embargo, estas respuestas se complejizan  con el acto reflexivo propio de un ser que no puede evitar las preguntas sobre sí mismo.
Parece absurdo preguntarse el momento exacto en que afirmamos el inicio de la vida de un ser humano. Pero estas cuestiones son centrales cuando nos detenemos a pensar sobre el aborto, de una fecundación in vitro, la clonación, etc.
Una respuesta nos dice que la vida humana comienza desde la concepción en el seno materno. Desde esta expectativa, no se aceptaría todo tipo de investigación con embriones, como así tampoco el aborto: la vida humana merece un respeto especial desde el momento en que empieza.
El pertenecer a la especie humana, tener determinado código genético conlleva el deber de respeto por parte del resto de la especie. Esta teoría pone el acento en algo puramente genético y coloca al ser humano en un lugar privilegiado dentro del reino animal.
Pero esa vida que comienza, ¿es ya la de un ser humano? ¿Qué diferencia existe entre un óvulo y un espermatozoide que todavía no se ha unido y los que lo han hecho?  ¿Qué hace que al encontrarse los gametos el status moral de estos cambie? ¿Por qué a partir de ese momento merecen respecto especial?
Muchos filósofos diferencian entre lo que es un ser humano y una persona. Ser humano está relacionado con algo puramente biológico; el pertenecer a la especie homo sapiens me hace ser humano.
Ser persona implica alto distinto. Algunos autores sostienen que lo importante es tener auto-conocimiento y noción de futuro. Visto de esta manera, podemos deducir que no todo ser humano es persona y no toda persona es ser humano (hay ciertos animales, como los chimpancés que tienen autoconciencia y noción de futuro).
Desde esta concepción, prácticas como el aborto y la utilización de embriones para investigar, serían legítimas y no deberían ser penalizadas por la ley mientras que, por otro lado, muchos animales merecerían un respeto especial.
La dificultad más grande en relación con el final de la vida surge no hace demasiados años, como consecuencia del desarrollo tecnológico y de la influencia que tuvo en la medicina moderna.
Desde que este tipo de tecnología fue implementada, fue necesario redefinir el significado de la palabra muerte. Más allá del misterio que la muerte en sí misma implica, no parece haber dificultad en decir cuándo alguien está muerto o no.
Durante siglos, la forma más clara de asegurarse que una persona había dejado de existir era dejando el cuerpo ala intemperie hasta que el mismo iniciaba su proceso de putrefacción.
Luego se utilizó el método de poner un espejo en la boca de la persona muerta, y si éste se empañaba, era porque todavía respiraba.
En la actualidad. La definición de muerte se fue modificando como consecuencia de la posibilidad real (incorporado por la tecnología) de mantener a alguien conectado a aparatos que lo mantienen respirando y con el corazón latiendo.
Con las Unidades de Cuidados Intensivos se comienza a hablar de muerte cerebral. No es el corazón detenido o los pulmones que no trabajan lo que diferencia al muerto del vivo. El corazón y los pulmones pueden ser ayudados en su tarea de mantener un cuerpo.
La muerte se comienza a definir a partir del estado en que se encuentra un cerebro, y tiene lugar cuando este órgano sufre determinado tipo de daño, que no es menor. El cerebro se encuentra inutilizado, destruido, sin retorno, dañado irreparablemente, como es el caso de Gustavo Ceratti, que desde hace años se encuentra conectado a un respirador artificial, con esperanza de que algún día pueda recuperarse.


La forma en que definamos muerte nos va a llevar a determinadas prácticas con seres humanos que se encuentran en Cuidados Intensivos: la donación de órganos y la eutanasia van a depender de dicha definición.
La eutanasia se refiere a un tipo específico de práctica que lleva a acabar con la vida de un ser humano. Etimológicamente significa “buena muerte” y está relacionada con finalizar con el sufrimiento que un paciente padece en determinadas circunstancias. Esta práctica es tan antigua como la vida misma y ha variado de acuerdo al transcurso de los años.
La eutanasia se puede repudiar desde otras consideraciones distintas. Se puede fundamentar que la vida es valiosa en sí misma y que no existe ningún tipo de justificación para terminar con la vida de alguien.

El medio ambiente. Un problema a resolver.

Este problema está ligado al desarrollo tecnológico y tiene relación con la contaminación ambiental, que trae aparejado graves problemas como el del cambio climático, la desaparición de especies animales y vegetales, el crecimiento del agujero de la capa de ozono y el agotamiento de los recursos no renovable, son de vital importancia para nuestro futuro humano y planetario.
Nuestro planeta ha tenido cambios climáticos y la vida que hay en él ha variado desde su propia existencia, pero no se puede dejar de lado, el nivel de violencia que el ser humano ejerce sobre su entorno y la aceleración de los procesos naturales de cambio que dicha violencia implica.
La actitud que los seres humanos solemos mostrar ante el mundo está ligada a una tradición ardua de erradicar: el hombre está en el mundo para servirse de él: animales, plantas e incluso paisajes, están ahí a su servicio, para satisfacer cualquier capricho que se le cruce por su mente.
Debemos reconocer que es imposible controlar todo lo que sucede en la naturaleza como los huracanes, terremotos o tormentas. Pero, esto no impidió a los humanos comportarse de manera indiferente ante la devastación que él produce en el planeta.
Hay que replantearse nuevamente qué lugar ocupa y ocupará el hombre  en la tierra. Los humanos no estamos por encima de la naturaleza, sino somos parte inseparable de la misma y nos obliga a cambiar la relación que tenemos con nuestro entorno.
Debemos tomar urgente conciencia de que el planeta que habitamos es único, irrepetible, irrecuperable si lo herimos de muerte. Seguimos tirando residuos al mar, ríos y lagos, el uso indiscriminado de aparatos que contaminan el aire que respiramos y la tala indiscriminada de los bosques.
Frente a esta dos problemática que nos acoge, nos encontramos ante dos argumentos que relativizan:
Hans Jonas sostiene que el hombre tiene un lugar privilegiado en la naturaleza ya que posee racionalidad. El ser humano al poder razonar y pensar se diferencia del resto de los seres vivos. Pero esta característica que tiene el ser humano que lo diferencia del resto, lo debería obligar a comportarse cuidadosamente frente al mundo circundante. No cualquier acción le está permitida. Existe un principio primordial e ineludible que es la responsabilidad.
Si bien el hombre tiene un lugar privilegiado, este lugar se mueve desde un vale todo hacia un es necesario actuar responsablemente. No podemos tratar a la naturaleza como si fuéramos su propietario y no implica que el hombre quede afuera de la naturaleza misma.  
Jonas sostiene que hay una escala entre los distintos seres vivos que va desde lo simple a lo complejo. En el último eslabón está el hombre. Por lo tanto, desde su visión, la especie humana es parte de la naturaleza, estando en la escala más alta de la evolución, por lo tanto, conforme a su capacidad debe de ser resposable.
Jonas agrega una variable nueva y problemática a la cuestión del medioambiente: las generaciones futuras. Este autor sostiene que, nuestra responsabilidad es pensar que nos encontramos de paso en esta vida y que vendrán nuevas generaciones que nos sucederán y es nuestro deber y nuestra responsabilidad dejarles un mundo habitable y libre de contaminación y que cuente con los recursos necesarios para hacer posible la subsistencia.
Las generaciones futuras dependerán de lo que hagamos nosotros ahora, porque todo lo que hagamos repercutirá para los que vendrán después.
Si contaminamos las fuentes de agua potable, destruimos los bosques y selvas, terminamos con las reservas de petróleo, esas generaciones no contarán con las comodidades o con lo mínimo indispensable para poder sobrevivir.
El otro argumento es el de Arne Naess, creador de la ecosofía o ecología profunda, en la que la naturaleza no hay escalas. El hombre es simplemente una parte más del mundo que nos rodea y no tiene ninguna clase de privilegios ni ocupa un lugar por encima de las otras especies sean ellas vegetales o animales. La naturaleza es una sola y nosotros estamos inmersos en ella, somos parte de ese todo que nos circunda.
Desde esta visión, una de las cosas que más se destaca es lo inadecuado de nuestro lenguaje que nos obliga a percibir al medioambiente como algo externo a nosotros mismos, cuando en realidad, polucionar el agua o el aire, es polucionar nuestra sangre y cuerpo.
No estamos ajenos a aquello que hacemos con nuestro medio porque somos parte integrante e inseparable de este. Por eso este autor destaca que el ser humano no es un organismo indiferente, separable, ajeno al resto, sino que existe una interacción entretodo lo que conforma la naturaleza.
Arne Naess lidera un movimiento que está en contra de cierto tipo de desarrollo que implica tratar a la naturaleza como una fuente de recursos al servicio del hombre y, en cambio, aboga por una integración de éste con el medio. Este autor cree que la naturaleza se las arregla muy bien sin el ser humano y que éste es el responsable y culpable de todos sus males.







miércoles, 11 de junio de 2014

El problema epistemológico.


¿Qué es la ciencia? ¿Cómo trabaja un científico? Pareciera que la respuesta no tiene dudas. Sin embargo, no siempre queda claro que se entiende por ciencia o conocimiento científico y, mucho menos, como se desarrolla el tipo de investigación que realizan los científicos.
La rama de la filosofía que estudia o trata de dar respuestas a estos interrogantes, se llama: Epistemología. Deriva de dos vocablos griegos: episteme y logos. El primer término significa ciencia o conocimiento científico y es utilizado por Aristóteles en contraposición a doxa, cuyo significa es opinión. El termino logos tiene varias acepciones tales como tratado, estudio, teoría, discurso, razón, argumento. De tal manera que la epistemología podría ser traducida como una disciplina meta-científica ( es decir, que está más allá de las ciencias), constituyendo así un discurso sobre la ciencia. Epistemología es el estudio de las ciencias o teoría de las ciencias o ciencia de las ciencias.
El conocimiento científico (episteme) se diferencia de la opinión (doxa) por ser un conocimiento fundamentado, esto es, que da razones de lo enunciado. Y este es el problema de la Epistemología: cuál es la forma en que los científicos justifican sus teorías o hipótesis.
Como sabemos, no existen un solo método de investigación, ni tampoco existe el método perfecto; todos ellos son pasibles de ser criticados. La filosofía de la ciencia indican las dificultades asociadas a la idea de que la ciencia se basa en un fundamento seguro, adquirido gracias a la observación, la experimentación y en un procedimiento inferencial que permite arribar a teorías científicas de manera confiable.
No hay ningún método que permita probar que las teorías científicas son verdaderas. Pero tampoco existe un método que permita refutarlas, demostrar de un modo concluyente que son falsas.
Para Paul Feyerabend, la ciencia no posee rasgos especiales que la hagan superior a otras formas de conocimiento tales como los mitos o la religión. Para este autor, la ciencia desempeña un papel como el que desempeño la religión en la edad media. La ciencia es la religión moderna y la elección entre distintas teorías se reduce a una elección determinada por valores y deseos subjetivos de los individuos o grupos que la contemplan.

Las diferentes posiciones epistemológicas son:


¿Cuáles son los objetos de la ciencia?

El mundo está lleno de cosas que podemos ver como los árboles, perros, estrellas, etc. La ciencia habla sobre algunas de estas cosas. Es decir, se dedica a estudiar objetos de cierto tipo.
Los objetos de la ciencia son divididos en dos grupos distintos:
1.    Los objetos directos u observables: son aquellos a los que podemos acceder a través de los sentidos (un vegetal, una piedra, una conducta, etc) y constituyen lo que se conoce como base empírica de la ciencia en cuestión (así los vegetales constituyen la base empírica de la botánica y la conducta animal, la etología).
2.    Los objetos indirectos o no observables: son aquellos a los que no podemos acceder a través de los sentidos y se conocen como términos teóricos (gen, átomo, inconsciente, campo magnético, etc.). Forman parte de las leyes explicativas y permiten una mayor comprensión de los fenómenos.
Los objetos directos y términos teóricos se ponen en relación a través de la Regla o Ley de correspondencia, que funciona, desde el punto de vista lógico, como modus ponens, que es una regla de deducción que funciona de esta manera: si de una hipótesis A, se sigue una consecuencia B y la hipótesis se da, entonces, necesariamente, se da la consecuencia.


Los objetos que constituyen la base empírica de una disciplina deben de ser observables, se debe poder acceder a ellos a través de los sentidos, a través de la vista, pero, además, deben cumplir con otros tres requisitos: decidibilidad, objetividad y repetitividad.
Decidivilidad o efectividad. Es el poseer una cualidad por la cual el científico puede decidir categóricamente por sí o por no. Esto quiere decir que el investigador tiene que poder decir de forma definitiva, por ejemplo, si el objeto en cuestión  se encuentra presente en un momento determinado. Así, uno es capaz de contestar la pregunta ¿hay un oso en el aula?.
Objetividad. Es la realización del ser observable por varios investigadores. Esto es, varias personas tienen que poder ver lo mismo, por ejemplo, todo el curso es capaz de observar la inexistencia de un oso en el aula.
Repetitividad. Se entiende el que un hecho ocurra en varias oportunidades. Por ejemplo, cada vez que se pone agua al fuego y esta llega a una temperatura de 100º C, se evapora. Esto puede ser observado varias veces.

El lenguaje científico.

De la misma manera que los humanos usan el lenguaje para comunicarse, los científicos utilizan un lenguaje específico para hablar sobre los objetos de estudio. Cada ciencia es un discurso que se expresa en comunicaciones, textos, conferencias, clases, etc., y como tal posee un lenguaje. Los términos que lo constituyen pueden clasificarse en así:


Los términos lógicos son utilizados por el científico, aún sin que este lo note. Estos términos no hacen referencia a nada de la realidad, pero sirven como conectores en la argumentación (y, o, no, si, entonces, por lo tanto, etc.).
Por el otro lado los términos descriptivos hacen referencia a algunos de los objetos de la realidad. Algunos corresponden al lenguaje ordinario, al lenguaje que utilizamos a diario (frío, blanco, limpio, etc.), mientras que otros pertenecen al campo de otras disciplinas científicas que se presuponen en la ciencia en cuestión. Por ejemplo, la medicina presupone la física y la química entre otras ciencias, y usa términos que corresponden a ella (kg, ml, etc.). finalmente usa términos especiales que le son propios (hipertensión, gastritis).
Por último, el lenguaje científico debe de carecer de dos características propias del lenguaje ordinario: la vaguedad y la ambiguedad. En el lenguaje cotidiano utilizamos palabras y oraciones que no tienen una única interpretación posible. Por ejemplo: “voy a ir al banco”, puede ser relacionado con el banco donde se pagan impuestos o se hacen operaciones financieras, o a los bancos de las plazas que se utilizan como asiento. El término “banco” resulta ambiguo, ya que no sé a qué interpretación posible se refiere. En la ciencia, el uso de los términos debe de ser claro y preciso y no debe de prestarse a confusiones.

El inductivismo ingenuo.

El monje franciscano inglés Francis Bacon, fue quien propuso que la finalidad de la ciencia es la mejora de la suerte del hombre en la tierra, y según él, la finalidad se lograría recogiendo hechos a través de la observación organizada y derivando de ella teorías. Insistía que si queremos entender la naturaleza debemos consultarla, salir al mundo y observarla, no leer escritos de Aristóteles o la Biblia para buscar respuestas. Esta afirmación surge como consecuencia de que no se podía afirmar nada que los contradijera.
Desde el punto de vista gnoseológico es una corriente empirista, según la cual se accede al conocimiento a través de los sentidos y no a través de la razón como sostenían Platón, y luego Descartes o Kant. Los sentidos permiten conocer el mundo que nos rodea y descubrir sus leyes.
Esta corriente tuvo su auge en el siglo pasado con el positivismo lógico. Ayer y Wittgenstein sostienen una forma extrema de empirismo, en el cual no sólo las teorías se justifican en la medida en que se puede verificar apelando a los hechos mediante la observación, sino que además, solo tienen significado en tanto se puedan derivar de este modo. Es decir, que aquello que no puede derivar de la observación, aquello que no se puede reconocer con los sentidos, no tiene ningún tipo de significado. Esto plantea un serio problema para la ciencia contemporánea. Solo basta preguntarse si el ADN o la fuerza de la gravedad son observables. Es difícil sostener que alguien vio estas cosas alguna vez, con lo cual estas teorías carecen de significado.
Para el intuicionista ingenuo, la ciencia se inicia con la observación de los hechos: este es el primer paso de toda investigación y constituye un acto totalmente objetivo, libre de prejuicios, que proporciona una base segura para arribar al conocimiento. Los enunciados a los que se llega de este modo (enunciados observacionales) forman así la base de la que derivan leyes y teorías. Cualquier observador puede comprobar su verdad recurriendo a sus sentidos.
El objetivo de las ciencias es arribar a conclusiones generales que permitan predicciones, enunciados universales que posibiliten describir y explicar el mundo y crear leyes que puedan predecir que sucederá en el mundo.
Las dos funciones que tienen las ciencias son la explicación  y la  predicción. Se puede tanto explicarlo que sucederá si al abrir la mano que sostiene la pelota, como predecir que sucederá antes de abrir la mano.
El problema es: ¿cómo pasar de enunciados singulares a enunciados generales? Este paso se realiza a través de un razonamiento inductivo que opera del siguiente modo:



Pero el razonamiento inductivo no es un razonamiento válido, o sea, que la verdad de las premisas no garantiza la verdad de la conclusión. En el ejemplo dado, la falsedad de la conclusión es obvia para cualquier persona. No hace falta observar que no todos los árboles tienen hojas verdes, pueden tener otros colores. Entonces: ¿cómo se puede justificar un enunciado universal basándose en la limitada evidencia de un número finito de enunciados observacionales? Un ser humano no es capaz de hacer todas las observaciones posibles, sino que realizará un número limitado de estas. ¿cómo se puede asegurar que lo sucedido hasta ahora seguirá sucediendo siempre?.
El inductivista insiste en que no debemos sacar conclusiones precipitadas. Su respuesta es que, suponiendo que se dan ciertas condiciones, es licito generalizar y obtener una ley a partir de una serie de enunciados singulares verdaderos.  Las condiciones quedan enunciadas en lo que se conoce como “Principio de Inducción”, a saber: “si en una amplia variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A, y si todos los A observados poseen sin excepción la propiedad B, entonces todos los A tienen propiedad B.
Los requisitos son:
·  Número suficientemente grande de casos en los que se observa. Una determinada propiedad.
·       Ningún caso en que no se observa amplia.
·       Amplia variedad de condiciones experimentales.
Es decir, que si deseo investigar, por ejemplo, la posible relación entre abrir la mano y la caída de un objeto, debería tomar una muestra de objetos suficientemente grande (es decir, hacer la prueba con muchos objetos), observar siempre que al abrir la mano estos se caen sin excepción (es decir, que no exista ningún caso en el que esto no suceda) y efectuar dicha observación bajo diferentes condiciones (soltar los objetos en distintas alturas, en distintos lugares geográficos, a distinta temperatura). Si cada vez que abrí la mano el objeto cayó, puedo concluir que existe una relación entre abrir la mano y que el objeto caiga. La ley a la que arribo de este modo no solo me permite describir y explicar un fenómeno, sino que además, me permitirá cumplir con una de las mayores pretensiones de la ciencia: predecir. Siguiendo con el ejemplo anterior, puedo efectuar la siguiente predicción: la pelota que tengo en la mano caerá cuando deje de sostenerla.  

Críticas al inductivismo.

1.- El principio de inducción carece de justificación. No hay manera de demostrar que dicho principio tiene algún tipo de validez. Existen tres vías de justificación para cualquier enunciado: a priori, lógica o empírica. Pero el principio de inducción no cumple ninguna de estas tres vías.
2.- El inductivismo parte de dos supuestos: que el futuro es semejante al pasado y que causas semejantes producen efectos semejantes.



Para Hume, estos supuestos son insostenibles. Dice: en el pasado se ha observado siempre que al relámpago le sigue el trueno (causas semejantes tienen efectos semejantes). Contra este razonamiento, podría objetarse que es importante distinguir entre semejanza relevante e irrelevante: el fenómeno luminoso no es ninguna semejanza relevante. El supuesto tendría que reformularse: las causas que son semejantes entre sí en forma relevante tienen efectos semejantes. ¿cómo puede definirse el concepto de semejanza relevante. Dos acontecimientos son semejantes entre sí en forma relevante sí y solo sí en el sentido de que conducen a los mismos efectos.
3.- Los inductivistas sostienen que la observación cuidadosa y sin prejuicios proporciona una base segura apoyándose en dos supuestos: por un lado, que un observador humano tiene acceso directo al mundo exterior y, por otro, que dos observadores que vean el mismo objeto o hecho desde el mismo lugar verán lo mismo. La observación de dos hechos no es el primer paso en una investigación científica. No todos los datos parecen tener sentido dentro de una investigación y ello es así porque hay una teoría previa a la observación, en función de la cual se seleccionan los hechos que se consideran relevantes para la misma. La teoría permite seleccionar los hechos pertinentes y guía el proceso de investigación.

Inductivismo crítico.



En el inductivismo ingenuo vimos que no podemos garantizar cien por ciento la verdad de los enunciados universales, sin embargo, ellos pueden ser probablemente verdaderos.
El Principio de Inducción se formula de la siguiente forma: “Si en una amplia variedad de condiciones se ha observado un gran número de A y si todos los A observados poseen sin excepción la propiedad B, entonces, probablemente todos los A posean la propiedad la propiedad B.
Puede parecer intuitivamente plausible que, aplicando una prueba estadística, aumente la probabilidad de verdad. Se podría llegar a creer que cuantas más veces observe que al soltar un nuevo objeto que caiga, aumenta. Lo que se intenta decir es que ya que no se puede asegurar que siempre que abra la mano caerá, ya que nada garantiza que esto seguirá siendo así debido a que la observación siempre es limitada, al menos se puede sostener que cuantos más casos en los que esto sucede vea, la probabilidad de que vuelva a suceder aumentará.
Esta intuición no resiste un examen. Aunque se hagan cientos de experimentos observando este hecho, dichos experimentos siempre contarán con un número finito de observaciones, no se pueden verificar todos los casos posibles. Mientras que un enunciado universal, una ley científica, hace afirmaciones acerca de un número infinito de posibles situaciones. La probabilidad de que sea cierta la generalización universal es, por tanto, un número finito por un número infinito, lo cual sigue siendo cero por más que se aumente el número finito de enunciados observacionales.
Por otro lado, la estadística no tiene una fundamentación fáctica. En otras palabras, no hay forma de que se la explique a través de la observación. Por ser una rama de las matemáticas, parte de axiomas, esto es, verdades evidentes o aceptadas por convención.

Falsacionismo ingenuo.

Karl Popper es el autor de esta metodología y sus características principales son las siguientes:
1-. La teoría precede a la investigación.
2-. Las hipótesis surgen como conjeturas especulativas y provisionales que el intelecto humano crea libremente, o por inducción, en un intento por solucionar los problemas.
3-. Una vez propuestas, han de ser comprobadas por observación y experimentación.
4-. Las que no superan las pruebas deben de ser eliminadas y reemplazadas por otras.
5-. Por lo tanto, la ciencia progresa por ensayo y error.
6-. Sólo sobreviven las teorías más aptas. Aunque nunca se puede decir de una teoría que es verdadera, se puede decir que es la mejor disponible.
7-. Usa el razonamiento deductivo.

Según esta teoría, los científicos trabajan tratando de demostrar aquello que afirman es falso. Lo que un científico intenta es refutar, demostrar que la teoría por él defendida es falsa. Y lo hace a partir de enunciados singulares que contradicen dicha teoría.
Popper sostiene esto porque frente a un enunciado observacional verdadero, la hipótesis que se pretende justificar mediante él puede ser  verdadera o falsa; mientras que, frente a un enunciado observacional falso, se asegura la falsedad de la hipótesis. Es decir, si al soltar la mano, la pelota no cae, yo no puedo demostrar que la hipótesis sea verdadera, simplemente puedo decir que, en este caso, ocurrió lo que ella predecía. Es por ello que, los falsacionistas sostienen que nunca se puede estar seguro de la verdad de la teoría científica, pero sí de su falsedad. El científico debe de trabajar para refutar (o falsar) su hipótesis. Si no logra demostrar que la hipótesis es falsa, la acepta provisionalmente como hipótesis corroborada, pero dejando abierta la posibilidad de una futura falsación.
Es decir, una hipótesis es científica cuando existe por lo menos un enunciado observacional lógicamente posible que de ser verdadero entre en contradicción con la hipótesis.


Popper propone que las hipótesis científicas sean audaces. Una conjetura es audaz cuando entra en contradicción con las teorías aceptadas en la época. La astronomía de Copernico, que colocaba al sol en el centro del universo, era audaz en 1543 porque chocaba con el supuesto básico de que la tierra estaba inmóvil en el centro del universo. Hoy en día no se la considera audaz.
Así, las conjeturas se consideran audaces o no por referencia al conocimiento básico relevante para un determinado contexto socio-histórico.
La corroboración de una hipótesis audaz, sin duda, determina un avance científico mucho mayor que en el caso de la corroboración de hipótesis prudentes, mientras que su falsación no implica retroceso. Si se corrobora una hipótesis audaz, esto puede significar un cambio un cambio radical en la ciencia, mientras que si se refuta dicha hipótesis, la ciencia no sufre ningún tipo de cambio o daño.


El trabajo de un falsacionista.

Cuando realizamos un descubrimiento, es decir, el origen de la hipótesis, puede surgir de varias maneras, por inducción, elucubración teórica o ser el producto de una fantasía, un sueño, pálpito, corazonada, etc. Por ejemplo: en el siglo XIX,

el químico Kekulé aseguró que había descubierto la estructura de la molécula del benceno gracias a que había soñado con una serpiente que se mordía su cola. Este hecho provocó que muchos pensaran que en la invención no tienen un papel tan importante el estudio y la actividad metódica. No obstante, parece que, en realidad, sí que poseen una función esencial y que la creatividad es el resultado tanto de las peculiaridades subjetivas del individuo como de su formación académica. Lo importante es el contexto de justificación, es decir, cómo se legitima, cómo se trata de introducir esa hipótesis como parte de la ciencia aceptada, dado que las hipótesis que pretenden ser leyes son enunciados universales. Por lo tanto, es imposible contrastarlos directamente con la realidad. Es preciso obtener hipótesis para ir bajando el nivel de abstracción hasta llegar a enunciados observacionales; (aquellos que afirman que se pueden observar directamente en el mundo), que son los contrastables. Este enunciado observacional se contrasta con la base empírica mediante una observación o experimento pertinente. Es decir, una vez que se tiene un enunciado que habla sobre cosas concretas del mundo, se debe realizar un experimento que permita verificar la verdad o falsedad de dicho enunciado. Una vez hecho el experimento, pueden obtenerse dos resultados posibles:
1.-Que el enunciado observacional sea falso. En este caso, la hipótesis de partida, queda refutada dadas las características de razonamiento deductivo: la hipótesis es descartada y deberá formularse otra conjetura para resolver el problema repitiendo el proceso de contrastación.
2.-   Que el enunciado observacional sea verdadero. En este caso, la hipótesis de partida puede ser verdadera o falsa, pero, por el momento, ha sobrevenido a la contrastación. Si resulta también verdadero, ser repetirá el proceso unas cuantas veces hasta que se produzca lo que Popper denomina “renuncia epistemológica”: el científico abandona su pretensión de falsar la hipótesis y dado que ha resistido una serie de contrastaciones la acepta “provisoriamente” como corroborada.

Ejemplo:

Problema: Asma de un adolescente.
Hipótesis fundamental: el asma es producido por alergias.
Hipótesis derivadas: - Los pelos de los animales domésticos están relacionados con las alergias.
- La inhalación de los pelos de animales domésticos, produce problemas en la respiración.
- Si elimino los animales domésticos, no se inhalarán los pelos y no se producirá la alergia.
Enunciado observacional: Juan y Pedro (miembros de la familia: problema) serán separados de los animales domésticos.
Si el enunciado observacional resulta falso (es decir, si a pesar de la desaparición de los animales domésticos continúa con la sintomatología) la hipótesis de partida será falsa.

Limites y crítica al falsacionismo ingenuo.


1.- Los falsacionistas aceptan que la teoría precede y guía la observación, implícitamente, están reconociendo que los enunciados observacionales, son falibles porque dependen de la teoría, que no existen resultados observacionales completamente seguros. Es decir, que los enunciados que se utilizan en los experimentos, dependen de la teoría y están guiados por ella. Uno va al mundo y observa teniendo en cuenta la teoría.
Al realizar la contrastación, al hacer el experimento, puede que sea que el enunciado observacional el que está equivocado, puede que la descripción que hace sobre el mundo sea errónea y no esté mal la hipótesis de partida. La ciencia está llena de ejemplos de rechazo de enunciados observacionales y conservación de las teorías con los que chocan.
Eso fue precisamente lo que sucedió cuando se conservó la teoría de Copernico y se rechazo la observación realizada a simple vista de que Venus no varía apreciablemente de tamaño a lo largo del año, lo cual es incompatible con la teoría copernicana.
Entonces: ¿cómo se justifican los enunciados observacionales? Solo se justifican por medio de otros enunciados. Entonces: ¿cómo establecemos la conexión entre experiencias perceptuales y los enunciados observacionales que deben de ser objetivos? Parece imposible encontrar una conexión entre aquello que una persona determinada observa y un enunciado que finalmente será justificado por otro enunciado. Popper es consciente de esta limitación y la denomina el problema de la base empírica”.
2.- Para los falsacionistas una teoría no está formada sólo por un enunciado universal, sino de un conjunto de enunciados universales y para contrastarla habrá que aumentar la teoría a través de leyes y teorías que rigen el uso de los instrumentos utilizados y un marco experimental.

Falsacionismo sofisticado.

Para los observadores, aceptar o no un enunciado acerca de lo que sucede en el mundo, dependerá, en parte, de lo que se observe, que a su vez estará guiado por una teoría.
1.- Popper dice: “la base empírica de la ciencia objetiva no tiene nada de absoluto”. La ciencia no descansa en algo sólido. Su estructura se levanta sobre un pantano. Es como un edificio construido sobre pilotes, cuando más profundos sean construidos más suelo firme tendrá. Nos detenemos cuando comprobamos la firmeza de los pilotes, que es fuerte para soportar la estructura.
Los enunciados observacionales son falibles, pueden estar equivocados y su aceptación es sólo provisional y está sujeta a revisión, es decir, que se los acepte hoy, no quiere decir que no se los rechace mañana. Las teorías tampoco se pueden falsear de un modo concluyente.
El falsacionista sofisticado introduce hipótesis ad hoc, que sirven para evitar que una teoría sea refutada. Impiden que una teoría sea falseada, introducen elementos que no pueden corroborarse ni falsearse.
Ejemplo: Galileo afirmó a sus adversarios aristotélicos que la luna no era una esfera lisa sino que su superficie estaba llena de montañas y cráteres. Esto no podía ser reconocido por los escolásticos porque entraban en contradicción con uno de sus principios según el cual la figura perfecta eran las esferas y los astros, producto de la creación divina. Para evitar la refutación, sugirieron que había una sustancia invisible en la luna que llenaba los cráteres y cubría las montañas de tal manera que la forma de la luna era esférica.
Cuando Galileo preguntó como se podía detectar la sustancia invisible, la réplica fue que no había manera; por lo tanto, la teoría modificada no produjo nuevas consecuencias comprobables. Galileo, admitió la existencia de la sustancia invisible, pero insistió en que ella no estaba dispuesta en la manera en que sugerían sus rivales, sino que respetaba los relieves del satélite terrestre.

Irme Lákatos y el falsacionismo sofisticado.

Este autor sostiene que hay que considerar las teorías como totalidades estructuradas de algún tipo.
Su afirmación se basa en tres argumentos:
1.- La historia de la ciencia revela que la evolución de las principales ciencias muestran una estructura que no captan ni la concepción inductivista ni la falsacionista.
2.- Los conceptos adquieren su significado en función de la estructura de la teoría en que aparecen (ejemplo: el concepto newtoniano de masa tiene un significado sólo en su teoría; Newton no puede definirla en términos de conceptos prenewtonianos).
3.- La ciencia avanza de un modo más eficaz si las teorías están estructuradas; deben ser estructuradas sin límites que ofrezcan un programa de investigación.
Un programa de investigación es una estructura que sirve de guía para la futura investigación tanto en modo positivo como negativo. Según Lákatos, toda teoría científica está formada por un núcleo central (hipótesis más importantes de una teoría, la que hacen que la teoría sea lo que es y que si se refutan, la teoría como tal desaparece) y un cinturón protector (son hipótesis auxiliares y colaterales que pueden ser refutadas sin que la teoría se vea realmente afectada). La heurística negativa implica que no se pueden rechazar ni modificar los supuestos básicos del programa que constituyen así su núcleo central, que está protegido frente a la refutación por un cinturón protector constituido por hipótesis auxiliares, colaterales, etc.
 La metodología de Lakatos incluye las hipótesis ad hoc en el sentido de hipótesis que no son comprobables de forma independiente.
Sostiene además que los méritos de un programa se tienen que juzgar por la medida en que dichos programas progresan o degeneran.
La dificultad que presenta este criterio de aceptación o rechazo es que el mismo va unido al factor tiempo, es decir, que no se puede estimular cuánto se debe de esperar para decidir a favor o en contra del programa.

Racionalistas y relativistas.


Los racionalistas sostienen que existe un único criterio universal e intemporal para la valoración de las teorías y a la forma de demarcación entre ciencia y no ciencia.
Los relativistas niegan que exista un criterio universal e intemporal. La valoración de una disciplina o teoría científica varía de un individuo a otro y de una sociedad a otra. La variación estará en relación con lo que cada sujeto y cada comunidad considere importante.


Khun: paradigma–teorías, como estructuras–revoluciones científicas.

Este físico dedicado a estudiar la historia de la ciencia y en su tarea como historiador, comprendió que la ciencia no avanza en forma lineal o progresiva, sino que su avance se realiza en términos de revolución. Los factores sociológicos desempeñan un rol fundamental en este proceso que puede resumirse de la siguiente manera: la actividad científica reconoce tres etapas:
1.- Pre-histórica o pre-paradigmática: esta etapa se caracteriza porque no existen opiniones o creencias compartidas unánimemente por los científicos. Esto da lugar a una serie de escuelas que compiten entre sí. Po ejemplo: dentro de la psicología existen diferentes escuelas: freudiana, lacaniana, conductista, etc.
 2.- Ciencia normal: se describe como la actividad  de resolver problemas, gobernada por las reglas de un paradigma. El éxito de un paradigma es al principio como una promesa de éxito. La ciencia normal consiste en la realización de esta promesa.
3.- Crisis y revolución científica: en los paradigmas existen problemas sin resolver y cada paradigma cuenta con los métodos e instrumentos para resolver dichos problemas. Pero existen otros que no tienen una solución dentro del paradigma. Estos paradigmas son como un rompecabezas, las piezas existen y hay que armarlo, pero hay ciertas piezas que no están. Y provocan una crisis cuando estas piezas faltan o los paradigmas son demasiados numerosos. El análisis de un período de crisis corresponde analizarlo tanto al historiador como al psicólogo.

El relativismo de Feyerabent.

Para este autor, ninguna de todas las ideologías propuestas hasta ahora han tenido éxito. Así lo demuestran los principales acontecimientos de la historia de la ciencia. Muchos científicos no han seguido en sus investigaciones las reglas propuestas y, sin embargo, han alcanzado logros importantes. Todas las metodologías tienen sus limitaciones y la única regla que queda en pie es la de todo vale.
Para Feyerabent, la ciencia no es superior a otro campo.