miércoles, 25 de septiembre de 2013

Prólogo. Seres Mitológicos, Imaginarios y Sobrenaturales

Seres imaginarios han poblado las noches y los días del planeta, escapando de las leyes biológicas y físicas, sin que el átomo o la cibernética hayan podido acabar con ellos, ni el conocimiento científico ni las utopías sociales han podido calmar los miedos ancestrales del hombre. El origen de la mitología humana tuvo que ver con los miedos a la muerte y a las grandes catástrofes que castigaron al mundo desde su origen y al destino, ese futuro misterioso que intentaron predecir y modificar.
Estos seres deambulan por la oscuridad de diversas formas imaginarias. La inmensa mayoría perecerá a esa nebulosa en que se disgregan los sueños de una mente particular, que algunos fueron vistos, oídos o sentidos, conformando una realidad intersubjetiva que irá trascendiendo hasta afianzarse en el imaginario colectivo. A partir de aquí podremos decir que estaremos frente a seres sobrenaturales de una cultura popular que los ha concebido o adoptado y adaptado a su cosmovisión.
Muchos de estos seres sobrenaturales vinieron con nuestros abuelos inmigrantes europeos  y aparecían cada vez que no queríamos dormir la siesta, cuando nos alejábamos de nuestros hogares para ir a jugar a algún baldío o con la oscuridad de la noche, siendo ellos muy malos como el cuco, el lobizón etc. Otros provienen de la cultura popular argentina, especialmente de los pueblos originarios de América.
Todos ellos cumplen una función en nuestro imaginario, algunos son buenos y otros muy malos y todos tienen que ver con nuestros miedos interiores o nuestras fantasías diurnas.
Jorge Halperín realiza un trabajo de investigación sobre los relatos urbanos inventados por el imaginario popular, es una verdadera ingeniería de la ilusión. El rumor o relato urbano es de origen incierto y propagación inmediata, estas historias que circulan de boca en boca y encierran un misterio.
Toda historia humana oculta un trasfondo de voces sumergidas. Existe una suerte de magma espeso y pleno de significados en el cual se cocinan los grandes mitos, las tragedias y aun los simples relatos populares a los que el folklore rural y urbano ha dotado de un valor emblemático.
Las narraciones urbanas tienen que ver con sentimientos que nos afectan. Vida, amor y muerte sobrevuelan en ellas como una constante evidente. En todas las historias se esconde el miedo a los extraños, a la oscuridad, el temor a ser atacados, a perder la integridad física, el miedo al futuro en general. Entre las sombras de los mitos urbanos aparecen también la virilidad, exaltada o menoscabada, y por supuesto la virginidad, y las vagas angustias en torno del sexo, la pasión y sus no siempre gratas consecuencias. En algún momento de nuestras vidas todos tenemos miedo a perder de pronto a nuestros hijos y demás seres queridos. Todos tememos ser olvidados. Nos asusta cualquier ruptura de las normas sociales preestablecidas. El cortejo, el miedo a la muerte, el engaño, la traición abierta o solapada.
En todas y cada una de las historias referidas aquí sobrevuelan esos estados de miedo, duda e inseguridad. También flota la certeza de que siempre hay o habrá un castigo para las transgresiones a la norma. Y, en general, el conjunto de relatos exponen las angustias del ser humano de hoy y de todas las épocas.

Iré desarrollando a través de mi blog, muchos de estos seres imaginarios que estuvieron, están y seguirán estando en nuestras mentes por mucho tiempo, aunque la ciencia y la técnica humana avancen progresivamente y revele muchos de estos misterios que siguen vigentes en nuestras vidas.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Mitos y leyendas de las culturas americanas.

De los relatos de los conquistadores españoles y las numerosas inscripciones en los monumentos aztecas se encuentran las fuentes de las leyendas y mitos de los pueblos americanos.
Hernán Cortés, partió a la conquista del reino de los Aztecas, en febrero de 1519. Entró en Tenochtitlán y tomó como rehén al rey Moctezuma. Pero la infortunada actuación de Pedro de Alvarado provocó la reacción de los aztecas. En la “noche triste” los españoles se vieron obligados a huir. Después de reorganizarse Cortés retomó a Tenochtitlán; tomó la ciudad y extendió su conquista en territorio mexicano, mostrándose implacable con un pueblo que no estaba preparado para enfrentar a los conquistadores españoles.
Las leyendas de los aztecas, mayas e incas se confunden con episodios históricos que hablan de sus viajes, de sus conquistas y de las relaciones con otros pueblos.

Los dioses aztecas.

Una de las principales divinidades de los aztecas se encuentra Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que dominaba el segundo mundo de los cinco mundos de los orígenes  y que había creado el pueblo de los aztecas. En el comienzo de los tiempos, se había enfrentado con el dios Sol, Tezcatiploca, espejo humeante, en una sanguinaria y terrible batalla que provocó la destrucción de cuatro de los cinco mundos y sus soles. Al término del enfrentamiento, las dos divinidades se aliaron para crear el mundo actual y para dar nacimiento al Sol, Ollin. Después de originar vida a los hombres con gotas de su sangre,  Quetzalcóatl se dio cuenta de que no tenían nada para comer. Por esa razón, se transformó en una hormiga y penetró en el interior de una montaña para robar un grano de maíz. De ese grano derivaron todos los cereales, fuente esencial para todos los seres humanos.

El viaje a la tierra prometida de los dioses.

Al parecer, antes de llegar a México, los aztecas vivieron durante un tiempo en un expléndido valle situado al norte del río colorado, en lo que hoy es Estados Unidos. En dicho valle había siete cuevas, tierra suficiente para las siete tribus aztecas, flores, peces y toda clase de animales. Los hombres no tenían necesidad de cultivar el suelo, porque producía espontáneamente todo lo que hacía falta. Un día, el dios Huitzilopochtli se encarnó en un pájaro de ese reino paradisíaco, e invitó a su pueblo en ir en busca de  la tierra de los dioses que los dioses habían destinado a los aztecas. Así, se pusieron en marcha guiados por el cacique Tecpaltzin, llevando adelante la imagen de su dios, elevada sobre una plataforma de cañas. A lo largo del camino, Huitzilopochtli predijo a los sacerdotes que encontrarían un lugar donde las olas lamían una planta de cactus; sobre ese cactus había un águila magnífica, que sostendría entre sus garras una gran serpiente y tendría las alas abiertas con las plumas resplandecientes expuestas al sol naciente. Pasó el tiempo, y la tierra soñada seguía sin aparecer. El paisaje que rodeaba al pueblo de los aztecas era áspero y desolado; el suelo, pedregoso y lleno de ramas secas que dificultaban la marcha.
Un día Huitzilopochtli le habló nuevamente al cacique Tecpaltzin, diciéndole:  “Coloqué dos paquetes frente al campamento para ponerlos a prueba. En uno hay muchas ramas secas, en el otro piedras preciosas; a ustedes les toca elegir”.
Cuando los aztecas se vieron ante los dos paquetes, no se pusieron de acuerdo. La parte de ellos que dominaría México se decidió por las ramas secas –más útiles aunque menos preciosas-, mientras que los otros partieron por el mundo. Los primeros llegaron a una ciudad maravillosa Tollán, en la cual vivieron mucho tiempo en paz y armonía. Pero  Huitzilopochtli, se les presentó nuevamente y les dijo que todavía no había llegado el momento de detenerse; los aztecas volvieron a ponerse en marcha y llegaron finalmente al valle de México, a orillas del lago Tezcoco. Allí vieron cumplir el prodigio, y descubrieron el cactus lamido por las olas del lago, y el sol del amanecer, resplandeciendo sobre las plumas del águila. El dios salió entonces al encuentro de su pueblo y dijo a los aztecas que llegarían a ser amos del mundo.
Los arqueólogos consideran que la migración azteca duró cerca de trescientos años, a cuyo término fundaron la ciudad de Tenochtitlán, alrededor de 1320. Dos siglos mas tarde, el 8 de noviembre de 1519, el conquistador español Hernán Cortés y sus huestes (110 marineros y 570 soldados con 11 naves, 10 cañones y 16 caballos) entraron en la espléndida ciudad construida sobre el lago y devastaron jardines, huertos, casas, palacios y el inmenso templo construido por el dios 

Huitzilopochtli.

Las antiguas civilizaciones.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Leyendas y mitos romanos.



La ciudad más antigua, Roma, sitúa su fundación en el siglo VII a.C., pero al parecer la zona estaba habitada en los siglos X y IX, a.C. El valle del Tiber era un punto crucial para el comercio itálico, donde se había formado también un depósito de sal (sustancia valiosa en la Antigüedad), al que accedían los vecinos. A partir de los siglos X y IX, a.C. crecieron unas aldeas sobre las siete colinas de Roma (Quirinal, Viminal, Aventino, Celio, Esquilino, Capitolino y Palotino). Alrededor del siglo VIII, se unieron para formar una misma aglomeración urbana. Cuando la nueva ciudad fue dotada de murallas y se eligió un Rex, un Rey, Roma pasó a ser una ciudad.

Leyendas sobre el origen de Roma.


Las leyendas relativas al origen de la ciudad más importante del mundo antiguo fueron muchas, casi todas concuerdan en reconocer a Rómulo como el primer rey de Roma. No se sabe de quién era hijo, pero el mito más conocido cuenta que nació con su hermano Remo de la unión entre la sacerdotisa Rea Silvia y Marte, el dios itálico de la guerra. Cuando el rey de Alba, Amulio, que era tío de la muchacha, se dio cuenta de que la sobrina esperaba un hijo, temiendo que este pudiera luego derrocarlo, hizo encerrar a Rea Silvia en una torre y ordenó abandonar a los dos gemelos en una cesta en el Tiber.
En esa época el curso del río había crecido por las lluvias, y la corriente llevó a los dos gemelos hacia los montes. Cuando la cesta que contenía a los gemelos varó en las pendientes del Palatino, las ramas de una higuera protegieron a los gemelos de los rayos del sol, y una loba, que acababa de parir, los nutrió con su leche. Poco después los dos gemelos fueron socorridos por un pastor del rey llamado Fáustulo, que los crió en la colina Palatino junto a su mujer. Ya adultos, Rómulo y Remo se entregaron al bandolerismo, hasta el día que Remo fue arrestado y llevado ante el rey Amulio. Sólo en circunstancias de peligro, Fáustulo reveló finalmente al joven Rómulo su origen  y lo exhortó a presentarse en la corte, para salvar a su hermano, Rómulo se presipitó hacia el Alba al frente de un grupo de hombres; salvó a Remo, venció a Amulio y confirió el poder a su abuelo Numitor, padre de Rea Silvia.
Tiempo después, Rómulo decidió fundar con su hermano una ciudad, la futura Roma, pero justo  cuando estaba trazando los límites, mató a Remo y quedó como único Rey. No se sabe con certeza cuales fueron los límites o fronteras originales de la ciudad. Probablemente los primeros habitantes fueron bandidos, deudores, asesinos y esclavos, personas fugitivas de la justicia que no tenían nada que perder. La ciudad no podía crecer sin la presencia de mujeres de los pueblos vecinos, sobre todo las sabinas.  Con ese propósito organizó carreras de caballos que atrajeron a un gran público, permitiendo el rapto de las mujeres congregadas para asistir al espectáculo. Hubo una guerra sangrienta, en la que participaron dos pueblos vecinos que, guiados por los sabinos, trataron en vano de derrocar a Rómulo, quien finalmente dio la victoria a Roma.
Luego se selló un pacto de alianza entre las facciones, y el rey de los sabinos, Tito Tacio, permaneció asociado a Rómulo en el poder. Al poco tiempo el rey sabino murió y Rómulo quedó solo al mando de la ciudad, cuyo poder continuaba creciendo.
Rómulo reinó sobre Roma durante 30 años, transformándola en una ciudad poderosa. Un día mientras estaba pasando revista a las tropas, se desató un terrible temporal, acompañado por un eclipse de sol. En ese momento todo desapareció en la oscuridad, mientras un muro de agua se abatía sobre la tierra. Cuando finalmente cesó la tempestad, el rey había desaparecido y de nada sirvieron las búsquedas. Unos días más tarde, un hombre llamado Julio Próculo afirmó que había soñado con el rey. Este había que los dioses lo habían raptado y luego había subido al cielo como una divinidad, con el nombre de Quirino. Los historiadores de Roma no dieron crédito de esta versión y afirmaron que la leyenda de Julio Próculo había sido inventada por los senadores, culpables de haber asesinado a un rey que era muy popular.

Los niños abandonados.

Muchos relatos forman parte del patrimonio mítico de numerosas culturas, como el caso de las leyendas sobre niños abandonados: historias de recién nacidos, cuyas madres se vieron obligadas a abandonarlos, pero que tenían por delante un destino luminoso. Rea Silvia entregó a las aguas del Río Tiber a Rómulo y Remo, pues temía por sus vidas; en el mito griego, Edipo fue abandonado por el padre, a quien le había sido revelado que su hijo lo mataría; París Alejandro, hijo de  Príamo y seductor de Helena, fue abandonado por sus padres cuando supieron que el bebé sería la ruina de su pueblo; el pequeño Moisés, destinado a liberara a los hebreos de la esclavitud de los egipcios, fue dejado por su madre en una cesta entre los juncos y salvado por la hija del faraón que lo crió en la corte.

Los mitos del amor.

Los antiguos escritores latinos privilegiaban las historias gloriosas de héroes, pero también tenían inclinación por las leyendas que narraban los amores entre los mortales y las divinidades.

Amor y Psique.

El escritor latino Apuleyo narró una historia conmovedora, que tenía como protagonistas a un inmortal y a una bellísima mujer: Amor y Psique. Al parecer, Psique era tan bella que superaba en fascinación a la misma Venus. Por eso, la diosa del amor había enviado a su mensajero Amor (o Cupido) para que la hiciera enamorarse perdidamente de un ser humano feo y deforme, pero Amor se enamoró a su vez de la espléndida criatura. La llevó a un palacio maravilloso y comenzó a visitarla todas las noches, con la ayuda de las tinieblas, que ocultaban a los ojos de los mortales de Psique el cuerpo y el rostro de dios. Pero las hermanas de Psique, celosas. Le insinuaron la idea de que su amante era un monstruo, impulsándola a alumbrar la noche con una lámpara con el fin de ver su cuerpo. Cuando Psique levantó la lámpara y se dio cuenta de que compartía el sueño con un inmortal, una gota de aceite cayó sobre el muslo de Amor y lo despertó. El dios se enojó y decidió entonces expulsar a la muchacha de su palacio; Venus entonces la sometió a las pruebas más inhumanas, entre ellas la de bajar al reino de los muertos  para obtener de Perséfone, reina de los infiernos, un cofrecito que contenía la belleza. Psique realizó también ese viaje, pero no resistió y abrió ese cobre, que no guardaba la belleza sino el sueño mortal, el cual capturó de inmediato a la muchacha. Pero Amor se apiadó de la suerte de la muchacha y le pidió a Júpiter que le restituyera, para hacerla su esposa entre los inmortales: así fue, y Psique se convirtió en diosa.

Orfeo y Eurídice.

Orfeo era un poeta legendario; podía llegar a encantar a todos los que oían su poesía. Su esposa Eurídice, era una bella ninfa de los bosques, por quien el poeta sentía un amor apasionado. Un día, mientras Eurídice paseaba con sus amigas por una llanura de Tracia, fue observada por el pastor Aristeo, que la siguió. En un intento por huir, pisó una serpiente que le inyectó un veneno mortal. Eurídice se precipitó así en los Infiernos entre las sombras de los muertos, pero Orfeo no se resignó a su desaparición. Sus gritos de dolor alcanzaban llanuras y montañas, hasta que descendió a la ultratumba y oró a los dioses para que le devolvieran a su amada. Penetró entonces en las tinieblas, donde vivían los fantasmas de los difuntos. Allí su voz y su canto supieron consolar a las  almas de los muertos, llegando a encantar incluso a los dioses, que le concedieron su deseo. Solo pusieron una condición: Orfeo saldría primero y no tenía que mirar hacia atrás para controlar si Eurídice lo seguía. El poeta se alegró en lo más hondo de su corazón y se encaminó feliz hacia la luz del sol, pero cuando estaba por emerger de las profundidades de la Tierra, no resistió: se volvió, y un grito desgarrador sacudió las paredes de piedra, mientras la dulce Eurídice regresaba lentamente de las tinieblas. Toda plegaria resultó vana: había perdido a Eurídice para siempre.

El relato de Narciso.


Narciso era un joven de rara belleza al que, de pequeño, el adivino Tiresias había predicho que viviría mucho tiempo si no se conocía a sí mismo. Era tal su belleza que lo adoraban todas las jóvenes y las ninfas. Se enamoró de él sobre todo la ninfa Eco, pero Narciso la rechazó, llevándola a la desesperación. Las jóvenes y ninfas que sufrieron su desprecio pidieron ayuda a Némesis, la diosa de la venganza, quién prometió castigarlo por su soberbia. Cuando el joven se inclinó sobre las aguas límpidas de una fuente, vio su rostro reflejado en el espejo de agua y se enamoró de sí: no pudo alejarse más de la imagen reflejada, y fue consumiéndose poco a poco hasta morir. En las orillas de esa fuente creció una flor, llamada Narciso.